Música para una banda sonora vital: Barry Lyndon (Stanley Kubrick, 1975)

Barry Lyndon es la perfección formal hecha cine: máxima emotividad a partir de una frialdad y una distancia deliberadas, pintura en movimiento, tristeza hipnótica, brillante fresco de una época, meticuloso retrato del proceso de vejez y muerte del Antiguo Régimen. A ello contribuye una música admirablemente escogida, primorosa mezcla de temas de Leonard Rosenman y de piezas clásicas de Händel o Schubert, además de melodías populares tradicionales como Piper’s Maggot Jig.

Música para una banda sonora vital – Barry Lyndon

Sólo la música de Händel y Schubert, entre otros, en concreto su Zarabanda y su Trío para piano, respectivamente, podía acompañar con justicia las emotivas, conmovedoras, tristes y espectacularmente bellas imágenes de Barry Lyndon (1975), la obra maestra de Stanley Kubrick basada en el texto de William Thackeray.

Como en sus otros filmes, el tema de Barry Lyndon es el enfrentamiento entre la razón y el caos, y como en buena parte de su filmografía, examina esta oposición a través de la guerra o del estudio de sus efectos en los personajes. Kubrick, cineasta integral, supervisaba personalmente todos y cada uno de los aspectos de sus películas, desde los doblajes para el extranjero a las músicas compuestas o escogidas para cada secuencia, práctica de la que son buena muestra estas dos piezas brillantísimas.

Mis escenas favoritas – Fantasía (1940)

Cautivadoras y emocionantes imágenes de animación puestas al servicio de la interpretación de la música (y no al revés, como es habitual hoy) hacen que esta peculiar película de dibujos animados de 1940, desarrollada en ocho capítulos diferentes cada uno al servicio de la música de un compositor distinto (Bach, Beethoven, Mussorgsky, Tchaikovsky, Schubert, Stravinsky, Stokowsky, Dukas…), siga siendo hoy una obra maestra dibujada a mano aún no superada en la era tecnológica y del dibujo por ordenador. Imaginación, virtuosismo técnico y nada del pasteleo habitual de Disney para esta maravilla de visionado imprescindible. Uno de sus momentos más memorables es El aprendiz de brujo, según la composición escrita por el maestro francés Paul Dukas (1865-1935) en 1897.