Música para una banda sonora vital: En el calor de la noche (In the heat of the night, Norman Jewison, 1967)

Temazo de Ray Charles, titulado igual que la cinta, para esta película de Norman Jewison, espléndida en el tratamiento de la tensión racial que entonces (y ahora) vivían los Estados Unidos. El guión, basado en una novela de John Ball, centrado en la investigación de un asesinato en Sparta (Mississippi), que llevan a cabo el jefe de la policía local (Rod Steiger, qué manera de mascar chicle…) y un policía de Filadelfia (Sidney Poitier) que se encuentra de paso, señala tanto las incongruencias, miserias, contradicciones y trampas morales de los racistas del sur, como los prejuicios, recelos, desconfianzas y rencores de los planteamientos revanchistas de ciertos grupos militantes por los derechos civiles de la población negra. Nada que ver, por tanto, con ese cine de corte racial reivindicativo de los últimos años que, al calor de la administración Obama, ha creado productos de diseño políticamente correctos y rebozados en melosa moralina marca Oprah.

Música para una banda sonora vital – Semilla de maldad (The blackboard jungle, Richard Brooks, 1955)

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Esta magnífica película de Richard Brooks es el pistoletazo de salida de varias cosas. En primer lugar, del género de películas sobre profesores metidos en aulas conflictivas de colegios o institutos situados en barrios poco recomendables, que tanto recorrido ha tenido y tiene, especialmente en el cine de los últimos veinte años. También es el descubrimiento de Sidney Poitier, que más adelante, y en uno de los personajes más emblemáticos (aunque, vista hoy, en una de sus películas más ñoñas, cursis y pelmazas), se pasaría al otro lado de la tarima. Finalmente, la banda sonora contiene el que para muchos es el momento fundacional del rock and roll, el tema de Bill Haley & His Comets Rock around the clock, el archiconocido Rock del reloj, que abre el metraje. Tal fue el éxito de la película que hay quien opina que el rock le debe buena parte de su crédito inicial al cine. Como tantas cosas de la vida, por cierto.

Cine en fotos: “Kirk, te necesito”

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Disfruté trabajando con Billy Wilder. Es un director brillante, un escritor lúcido y un prolífico narrador de anécdotas. Siempre contaba cosas sorprendentes. En broma, solía decir verdades como puños. Uno de sus cuentos se refería a la elección del elenco de The defiant ones (Fugitivos), una película en que un negro y un blanco (finalmente los papeles fueron interpretados por Sidney Poitier y Tony Curtis) van esposados. Billy hace el siguiente relato:

-Primero fueron a ver a Marlon Brando para pedirle que actuara en la película. Marlon dijo: “Sí, acepto, pero quiero interpretar al negro”. Luego abordaron a Robert Mitchum, que respondió: “Demonios, no pienso trabajar en una película con ningún negro”. Por último, fueron a ver a Kirk Douglas para pedirle que actuara en el filme. Douglas dijo: “Sí, participaré. Pero quiero interpretar ambos papeles”.

El hijo del trapero. Autobiografía. Kirk Douglas (Ediciones B, 1988).

Cine en serie – Semilla de maldad

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LA ENSEÑANZA EN EL CINE (IX)

Richard Brooks dirigió en 1955 la película que sentó las bases de lo que hasta hoy ha sido este subgénero de cine relacionado con la enseñanza en sus más diversas manifestaciones. En The blackboard jungle nos encontramos con un veterano del ejército, interpretado por Glenn Ford, que acepta un puesto de profesor en un conflictivo colegio de una ciudad norteamericana.

De este modo, todos los tópicos en cuanto a alumnos conflictivos, enfrentamiento generacional, delincuencia juvenil, nacimiento a la madurez en medio del descubrimiento de las drogas, el alcohol y las chicas, Continuar leyendo “Cine en serie – Semilla de maldad”

Cine en serie – Rebelión en las aulas

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LA ENSEÑANZA EN EL CINE (I)

Retomamos la sección “Cine en serie”, en la que ya dedicamos en ‘Maldito Cine’ nueve entradas a analizar la proliferación de grandes obras maestras o de películas con aceptación por parte del público pero de mensaje o tesis repugnantes, señalando en una serie de próximos posts cómo ha retratado el mundo del cine el fenómeno de la enseñanza, de la educación, de la transmisión de la cultura, sin duda uno de los pilares más importantes de la sociedad (o debería serlo), pero susceptible como ninguna otra de ser utilizada de manera tendenciosa políticamente. Porque, quien más quien menos, desde el poder intenta utilizar la educación, la formación de los nuevos ciudadanos, para crear futuros bancos de votos para sus ideologías y planteamientos políticos, si no ciudadanos complacientes y receptivos a determinados discursos, como sucedió por ejemplo en España y el uso de la educación como vehículo de implantación de un nacionalcatolicismo que dilapidara los logros educativos, científicos y culturales del breve periodo de la Segunda República, en detrimento de lo que los alumnos debían o no saber para formarse como ciudadanos autónomos, independientes y con criterio propio. Pero el planteamiento empobrecedor, intelectual y formativamente hablando, de ideologías como el nacionalismo o de vacíos ideológicos como el capitalismo salvaje, no es el único obstáculo para la educación y la formación, ya que puntos de vista todavía más reduccionistas y cortos de miras como la enseñanza de corte religioso, en su versión más excluyente, ortodoxa e irreflexiva, en particular en lo que a las tesis creacionistas se refiere, suponen aún una amenaza mayor para la formación de ciudadanos mentalmente maduros y con espíritu crítico. Precisamente ese aspecto, el espíritu crítico, es la base educativa que desde los elementos políticos, religiosos y económicos más estorba para la obtención de un grupo de ciudadanos seguidistas y complacientes con cualquier planteamiento que excluya la posibilidad de hacerse preguntas, de dudar, de establecer puntos de vista relativos que busquen en el análisis crítico y en la obtención de conclusiones propias el criterio propio como ciudadanos, escéptico, analítico y relativista con respecto al bombardeo ideológico recibido desde la sociedad, de tal manera que la vida social, política, religiosa y cultural se reduzca al lanzamiento permanente de mensajes parciales y tendenciosos, todos ellos incompletos y falsos, que gracias a un marketing educativo hayan logrado un público más o menos extenso que sea receptivo y complaciente, más allá de la veracidad y la exactitud del mensaje, en la línea de los borregos dirigiéndose al matadero que Chaplin retrató en Tiempos modernos. En los próximos posts dentro de esta sección vamos a dedicar unas líneas a ver cómo el cine habla a menudo de esos grandes valores que generalmente la política, la economía y la religión, dejan de lado al tener muy presente que una sociedad de ciudadanos conscientes, librepensantes y con espíritu crítico suponen un problema para el éxito de sus mensajes parciales, tendenciosos y falsarios.
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