Música para una banda sonora vital: El nombre de la rosa (Der Name der Rose, Jean-Jacques Annaud, 1986)

Magnífica composición de James Horner para esta popular película de Jean-Jacques Annaud, adaptación de la novela de Umberto Eco, que refleja adecuadamente la áspera y sombría Edad Media que fotografía el gran Tonino Delli Colli. Ya hemos dicho en más de una ocasión que solo el final (no todo, sino el de la trama paralela que afecta al inquisidor Bernardo Gui) lastra la película e impide una valoración todavía mayor de sus grandes méritos, y que además es, probablemente, la película con más feos por metro cuadrado de celuloide de la historia del cine… La música de Horner se cuenta entre sus virtudes.

Diálogos de celuloide – El nombre de la rosa (1986)

El nombre de la rosa_39

Qué pacífica sería la vida sin amor, Adso. Qué segura. Qué tranquila… Y qué insulsa.

Der Name der Rose. Jean-Jacques Annaud (1986).

Mis escenas favoritas – El nombre de la rosa

El próximo jueves, 7 de octubre, tendrá lugar a partir de las 18:00 horas una nueva sesión (la quinta ya, exactamente cinco más de las que esperábamos) del ciclo cinépata-literario “Libros Filmados”, organizado por la Asociación Aragonesa de Escritores (& me), con la colaboración de FNAC Zaragoza-Plaza de España cañí.

En esta ocasión, la proyección de la coproducción germano-franco-italiana El nombre de la rosa, dirigida por Jean-Jacques Annaud (1986), además de para demostrar que se trata de la película con más feos por metro cuadrado de celuloide de todos los tiempos venidos o por venir, Apocalipsis (Now) de San Juan incluido, dará pie a un interesante coloquio con José Verón Gormaz y servidora en el que cabrán cuestiones relativas a la historia de la Iglesia catódica (e incluso de la católica), las herejías medievales, Segarelli, los dulcinistas, el Papado y los cismas, los juegos literarios de Umberto Eco, sus tributos a Cervantes, Voltaire, Conan-Doyle, Borges o Mortadelo y Filemón, entre otros, los grandes aciertos y pifias a la hora de trasladar a imágenes la obra del autor italiano, así como del puñetero gusto de Annaud en emular desde Europa al cine americano en lo peor que el cine americano vomita sobre Europa.

Remember: jueves, 7 de octubre, proyección de El nombre de la rosa (18:00 h.) y charla-coloquio-desbarre (20:15 h.) en FNAC Zaragoza-Plaza de España y olé, organizado por la Asociación Aragonesa de Escritores.

Se os espera (o no).

Mis escenas favoritas – El nombre de la rosa

La risa es peligrosa porque con ella no existe el miedo, y sin el miedo, no hay autoridad. Eso siempre lo ha sabido la Iglesia y por tanto no ha escatimado medios en dos largos milenios y pico para que se nos hiele la sonrisa permanentemente. El nombre de la rosa, de Umberto Eco, no es sólo una novela de crímenes ambientada en una oscura abadía del norte de la Italia del siglo XIV. Habla, mucho y bien, de la religión en general como instrumento de poder, y de la Iglesia católica en particular como ente que ha llevado a la perfección hábiles sistemas de dominación sobre sus semejantes, hasta llegar a la esclavitud intelectual, tan perjudicial, si no más, que la común. Para muestra, esta conversación entre Guillermo de Baskerville, personaje trasunto del Sherlock Holmes de Conan Doyle, y Jorge de Burgos (anagrama de Jorge Luis Borges, viejo, inclinado y ciego para dar más pistas, cuyo Aleph sirve de inspiración además para la laberíntica biblioteca de la historia) en este clásico del cine europeo de Jean-Jacques Annaud, que logra captar el espíritu original de la obra aunque lo pervierte en algunos aspectos, como la hollywoodiense muerte del inquisidor Bernardo Gui (inspirado en el inquisidor perseguidor de los cátaros Bernardo Guidoni) en la parte final de la película. Hablaremos más largo y tendido de ella.