Mis escenas favoritas: En bandeja de plata (The fortune cookie, Billy Wilder, 1966)

El gran Walter Matthau diseña las líneas básicas de la “filosofía del cuñadismo” en esta magistral y vitriólica, otra más, comedia de Billy Wilder sobre las miserias de la sociedad americana, y por añadidura, del capitalismo descontrolado. El cine de Wilder mantiene una vigencia y una lucidez asombrosas en su diagnóstico de los vicios y las contradicciones del ser humano contemporáneo.

Anuncios

Mis escenas favoritas: Primera plana (The front page, Billy Wilder, 1974)

Comienzo de esta película de encargo dirigida por Billy Wilder, en el que además de los créditos iniciales del filme se muestra el proceso artesanal de confección e impresión de un periódico al modo de los años 20 del pasado siglo mientras se escucha el Front page Rag de Billy May. Todo un homenaje al periodismo, que sin embargo en el resto del metraje va a ser sometido a la sátira más ácida y cínica del gran Wilder.

La genuina, la mejor: La gran estafa (Charley Varrick, Don Siegel, 1973)

Varrick_0_39

Walter Matthau existe mucho más allá de la comedia. Si sus primeros pinitos tuvieron lugar en el western en compañía de Burt Lancaster o Kirk Douglas, con el tiempo logró componer un buen puñado de personajes tirando a canallas, cínicos, duros, violentos, a los que sabía dotar del registro adecuado en interpretaciones inmensas, magníficas. Una de ellas es la del atracador de bancos Charley Varrick en la película del mismo título, conocida en España como La gran estafa (Don Siegel, 1973), muy superior a las que, con el mismo nombre (y con Richard Gere teñido o con el añadido “americano” en el título y diseñadas para premio) han sido estrenadas por estos lares en los últimos años. La denominación original de la película nos indica ya que trata primordialmente de un personaje, el protagonista, un tipo que debe hacer ingeniería delictiva para salvar la peligrosa situación en la que un atraco como otro cualquiera, pero que en el fondo no lo es, le pone por pura casualidad.

Amanece en Tres Cruces, un pueblo de Nuevo México: sale el sol, pasa el lechero y el repartidor de periódicos, empieza a hacer calor, la gente desayuna, sale a pasear al perro, a tender la ropa, a hacer la compra, camino del colegio o del trabajo… La vida tranquila y paciente de cualquier pequeña localidad rural del Oeste americano civilizado. Un coche se detiene ante el banco del pueblo. Lo conduce una mujer madura llamada Nadine (Jacqueline Scott), que lleva a su marido, un venerable anciano con aspecto de profesor universitario y que tiene una pierna rota (Walter Matthau), a hacer un cobro. Lo que ocurre es que el cobro es más bien un desvalijamiento, labor en la que le ayudan otros dos clientes del banco previamente introducidos en él. La cosa se complica porque la policía se huele lo que pasa, hay disparos y muertos, y Charley y sus compinches tienen que huir. Los contratiempos no terminan ahí, porque Varrick (ya desprovisto de su disfraz) y su compañero Harman (Andrew Robinson, que un par de años antes dio vida a Scorpio, el asesino que perseguía por San Francisco el detective Harry Callahan que Clint Eastwood interpretó también para Don Siegel) descubren que, mientras que su botín supera los setecientos cincuenta mil dólares, el banco sólo ha declarado el robo de apenas mil trescientos pavos. ¿Y el resto? Pues como bien sospecha Varrick, se trata de dinero del crimen organizado, camuflado en un banco cualquiera, listo para ser blanqueado, disimulado. Así, Varrick y Harman no sólo deberán escapar de la policía, sino también de Maynard Boyle (John Vernon, poderosa presencia de ojos azules y aspecto duro y sin escrúpulos en el cine criminal y el western de aquellos años), el responsable de ese dinero sucio, y de su enviado, Molly (Joe Don Baker), un matón profesional.

Varrick_39

La película transita en sus 111 minutos por las maniobras de Varrick para lograr su huida, en parelelo a la persecución que Molly emprende tras sus huellas, extorsionando, violentando o torturando a todo aquel que pueda dar alguna razón de su paradero, las gestiones de Boyle para averiguar si el ladrón estaba de acuerdo con el director del banco para robar a la Mafia entre ambos, y también, en menor medida, con menos protagonismo, la investigación policial sobre el atraco. En lo que a Varrick se refiere, Siegel juega oportunamente la carta de la elipsis y la anticipación. Continuar leyendo “La genuina, la mejor: La gran estafa (Charley Varrick, Don Siegel, 1973)”

Vidas de película – Felicia Farr

El nombre de Felicia Farr no dice demasiado en la historia del cine, y sin embargo atesora en su currículum interpretativo un buen puñado de títulos relevantes, además de contar en su vida personal con el “mérito” de haber sido la esposa de uno de los mejores actores de todos los tiempos: Jack Lemmon.

Nacida en el estado de Nueva York en 1934, Felicia se hizo un hueco en el cine gracias a su aparición en unos cuantos westerns durante la década de los cincuenta, entre ellos una tripleta a las órdenes de Delmer Daves, La ley del talión (The last wagon, 1956), junto a Richard Widmark, Jubal (1956), con Glenn Ford y El tren de las 3:10 (3:10 to Yuma, 1957), acompañando de nuevo a Ford y a Van Heflin.

A finales de los cincuenta y principios de los sesenta dio el salto a la televisión, participando en series como Los tres mosqueteros, donde interpretaba a Constance, la novia de Artagnan, La hora de Alfred Hitchcock o Bonanza. Tras contraer matrimonio con Lemmon en 1962, su suerte cinematográfica quedó ligada de alguna manera al terceto Lemmon-Matthau-Wilder. Felicia Farr es una de las cuatro patas de la magnífica comedia de Billy Wilder Bésame, tonto (Kiss me,  stupid, 1964), junto a Ray Walston, Dean Martin y Kim Novak. En la película interpreta a la esposa de Walstone, que sustituyó a Peter Sellers, que sufrió un ataque al corazón en pleno rodaje y debió retirarse por prescripción médica (cuatro años antes le había ocurrido lo mismo a Billy Wilder con Paul Douglas en El apartamento, aunque con peor suerte: Douglas falleció y Fred MacMurray tuvo que hacerse cargo a toda prisa del personaje de Sheldrake). Con Walter Matthau había participado ya en Onionhead (1958), y repitió en Kotch, dirigida por su esposo en 1971, y La gran estafa (Charley Varrick, Don Siegel, 1973). Con su marido coincidiría en el reparto de ¡Así es la vida! (That’s life, Blake Edwards, 1986). Después de esa película se retiró definitivamente de la interpretación.

Cine en fotos – Walter Matthau

Dibujo tomado de la web del diario El País (o lo que queda de él).

El modelo para el dibujo no es otro que Walter Matthau convertido en Walter Burns, el director del Chicago Examiner de Primera plana (The front page, Billy Wilder, 1974), ese periodista sin escrúpulos, sin principios (aunque, según el magnífico guión de Wilder e Izzy Diamond terminara sus días dando clases sobre la ética del periodismo), sin moral, sin vergüenza y sinvergüenza al que día tras día desde hace muchos años se empeña en imitar (no sólo físicamente, que cada día se parece más) Pedrojota.

Matthau se ha ganado la inmortalidad en el cine gracias a sus duplas con Jack Lemmon. Pero como villano alcanzó altísimas cotas dramáticas y artísticas: no hay más que ver su debut en El hombre de Kentucky (The Kentuckian, Burt Lancaster, 1955), Charada (Charade, Stanley Donen, 1963) o La gran estafa (Charley Varrick, Don Siegel, 1973).

(Foto en el minuto 4:46)

Mis escenas favoritas – JFK: Caso abierto

Otro 22 de noviembre, pero de 1963…

Oliver Stone construye en JFK: caso abierto (1991) una fenomenal intriga sobre el magnicidio por excelencia del siglo XX, el asesinato en Dallas del presidente Kennedy. Una película compleja, arriesgada, innovadora, absorbente, repleta de personajes excelentemente diseñados, interpretada maravillosamente por un reparto envidiable, tanto por su número como por su calidad, y en la que destaca la magistral labor de dirección de Stone, especialmente en cuanto al manejo de documentación y materiales, tanto de información como audiovisuales, y, sobre todo, en la labor de montaje, premiado con el Oscar en su año.

Pero lo mejor de la película es su capacidad para presentar de manera fácil, accesible y lógica una catarata de acontecimientos que siempre han quedado sumergidos bajo el discurso habitual de contenido político, es decir, los eslóganes vacíos, el patrioterismo barato, la propaganda y la mentira.

Mis escenas favoritas – Primera plana

The front page es una divertida y lúcida obra de teatro centrada en el mundo de la prensa y, en particular, en la denuncia de ciertos de sus vicios, como el amarillismo, el sensacionalismo y la manipulación interesada del lector, un fenómeno propio de cuando la prensa escrita era el principal vehículo de información para el público y extrapolable sin mucha dificultad al papel preponderante que la televisión desempeña en nuestras vidas.

Escrita por Charles MacArthur y el gran guionista Ben Hecht, que volcó en el texto buena parte de su propia experiencia profesional y vital, ha sido llevada al cine en múltiples ocasiones, siendo las más recordadas la de Lewis Milestone, Un gran reportaje, de 1931, Luna nueva, de Howard Hawks, de 1940, con el acierto de convertir el personaje de Hildy Johnson en mujer, interpretada por Rosalind Russell para acentuar su antagonismo con Walter Burns, un fenomenal Cary Grant, director de su periódico al tiempo que ex marido suyo, y, finalmente, la tardía versión de Billy Wilder, de 1974, con Walter Matthau y Jack Lemmon en los papeles principales (y que homenajea al propio Hecht en este diálogo). Una joya de la comedia, no del todo satisfactoria para Wilder, pero mordaz, irónica y contenedora de una crítica y una denuncia plenamente vigentes y aplicables a los medios de comunicación (prensa, televisión, radio o internet) que utilizan la información como trinchera partidista o como simple vehículo de atracción de la masa irreflexiva que renuncia a su condición de ciudadana y se limita a obrar como consumidora.

Para Hildy Johnson.