Música para una banda sonora vital: Bonnie & Clyde (Arthur Penn, 1967)

Foggy Mountain Breakdown, de Lester Flatt y Earl Scruggs, acompaña la partitura de Burnett Guffey en la música compuesta para Bonnie & Clyde (Arthur Penn, 1967), cinta fundacional de eso que se llamaría el Nuevo Hollywood, concebida inicialmente por sus guionistas, Robert Benton y David Newman, para ser dirigida por François Truffaut. Un tema que encaja a la perfección con las imágenes de persecuciones y tiroteos que salpican esta aclamada producción de la Warner Bros.

 

Cine y poker: cinco (o siete) cartas para vivir el suspense

1. El escenario. El gran salón de un casino de Las Vegas, Reno, Texas, Atlantic City o Montenegro. Quizá una página web donde jugar al poker on line. O mejor una estancia tenuemente iluminada: el reservado de un bar, una trastienda, un vagón de tren, un cuarto de alquiler, el rincón más apartado del saloon, o quizá la discreta habitación de un hotel, en una planta no muy alta, cercana a la escalera de incendios y siempre con vistas a la parte de atrás. El tapete verde parece ser la única fuente de luz, atrae todas las miradas, todos los objetos convergen en él, los naipes brillan como diamantes, las fichas de colores, verdes, amarillas, rojas, blancas, azules, refulgen como gemas preciosas. A su alrededor, delimitando la zona de juego, cansadas botellas medio llenas y turbios vasos medio vacíos, paquetes de cigarrillos prensados, saquitos de tabaco de liar, papel de fumar arrugado, cerillas gastadas, encendedores agónicos, ceniceros insaciables, relojes de bolsillo detenidos, algún que otro pañuelo sudado, puede que un arma expectante, quizá ya humeante. Objetos de culto como tributo al azar, a su Dios, al poker, en forma de billetes verdes de distintos valores pero todos de igual tamaño que, como hormigas trabajadoras aprovisionándose para el invierno, mantienen invariable su ruta desde los informes montones del círculo exterior hacia el mismo centro de la mesa, hasta el lugar donde se levanta el templo de las mil apuestas, la ofrenda a la Diosa fortuna y a su mensajera de dos caras, la suerte escondida en el altar de los sacrificios de un único ladrillo de cincuenta y dos cartas: la partida de poker.

2. El tiempo. La loca carrera de cincuenta años hacia el Oeste, al abrazo del Pacífico a través del desierto. Los felices y violentos años veinte; los deprimidos y depresivos años treinta. Los negros años cuarenta, ya perdida la inocencia del mundo. La enloquecida actualidad devorada por la prisa y el culto a lo inmediato, a lo perecedero, a la muerte instantánea. El poker, la partida, el juego, frontera para el antes y el después de una existencia a refundar, inicio de la incierta aventura de una nueva vida. El futuro, el porvenir que abre o clausura una combinación de cinco (o siete) cartas.

3. El guión. Los jugadores discuten si juegan al poker de cinco o siete cartas, si al poker del Oeste de la frontera o al poker texas holdem. Una joven figura del poker sueña con destronar al rey del juego. Un timador despluma a un gángster para hacerle morder el anzuelo. Un pistolero se entretiene con sus compinches antes de matar o morir. Un grupo de rufianes pasan el tiempo mientras esperan el momento del atraco. Cuatro tipos amañan una partida con el fin de desplumar al quinto. Un ladrón de guante blanco da clases a los jóvenes para que hagan trampas sin que les pillen. Un agente con licencia para matar intenta dejar sin blanca al monstruo que financia el terrorismo internacional. Unos chicos se pasan de listos y terminan debiéndole una fortuna al jefe del hampa londinense. Un chico financia sus estudios de derecho gracias a las cartas. Un jugador listillo pretende hacer reír en un Oeste que no tiene ninguna gracia. Un inocente acusado de hacer trampas acaba linchado. Un joven de talento busca reconciliarse con su padre en una partida. Una dama entre vaqueros se juega la vida y toma el pelo a los hombres más ricos del territorio. Un escritor que oficia de croupier quiere robar el casino en que trabaja. Para un ex convicto que intenta rehacer su vida, el poker es el primer paso hacia el abismo de la droga. Partidas suicidas para tentar al rey del poker de Los Ángeles. La biografía del legendario jugador Stu Ungar. Un magnífico bribón fabrica naipes marcados. Una mujer tan dura, valiente y cruel como los hombres. Doce apóstoles del poker. La aventura de cartas de un escritor de novelas. Una eminente doctora seducida por un timador. La apuesta es un burdel. Un hombre juega y ama en una Casablanca convertida en La Habana… Continuar leyendo “Cine y poker: cinco (o siete) cartas para vivir el suspense”

Mis escenas favoritas – Bonnie and Clyde

Estamos en la guerra de Vietnam. Esta película no puede ser inmaculada, esterilizada. Nada de un par de tiros y caer muerto, ¡tiene que haber sangre, carajo! Arthur Penn.

Esta película supuso el inicio del último gran periodo de Hollywood, de 1967 a 1980, antes de que el marketing y los medios de comunicación controlaran la industria. Esta escena en particular cobra, además de su propio valor sociológico respecto al momento de su rodaje, una nueva dimensión atendiendo a la paralela evolución del cine: si esta película fue el principio del fin del Hollywood de los grandes estudios, si fue el pistoletazo de salida hacia otra forma de entender y ver el cine por parte de cineastas, crítica y público, no es menos cierto que quienes protagonizaron aquel gigantesco cambio sucumbieron a su vez a los cantos de sirena del dólar y que su talento murió a la vez que la década de los setenta, la última década gloriosa del cine.

Una antiestrella que luce por sí misma: Julie Christie

200px-10111225ajulie-christie.jpg

La excelente web de El cine de Lo que yo te diga, de la Sociedad Española de Radiodifusión (SER), dedicó hace unas semanas un breve pero interesante artículo a la figura de la actriz Julie Christie, que reproducimos a continuación:

“Julie Christie ha atravesado el mundo del cine con una personalidad y una seguridad en si misma, muy poco habitual.

Preguntando a los expertos, tal vez el mejor para saber como era en su época estelar es Warren Beatty. Estuvieron juntos cuatro años después de conocerse en 1965 en una función organizada para la reina. «Julie era la mujer más hermosa y, al mismo tiempo, la más nerviosa que yo había conocido nunca», dice el actor y director en una entrevista. «Era profunda y auténticamente de izquierdas, y no le divertía nada hacer todo ese aspaviento para la monarquía. No podía esconder su antipatía por esa clase de ceremonias.»
Continuar leyendo “Una antiestrella que luce por sí misma: Julie Christie”