Haciendo números: Aventuras matemáticas en el cine, de José María Sorando (Ed. Guadalmazán, 2015)

Aventuras matemáticas en el cine_39

El propósito del entretenidísimo nuevo libro de José María Sorando, Aventuras matemáticas en el cine, parece ser doble. En primer lugar, señalar la a menudo deficiente traslación de operaciones matemáticas a la gran pantalla, utilizando para ello ejemplos directamente escogidos de los guiones de los filmes, o el relato pormenorizado de situaciones argumentales que dan pie a la introducción en la narración, por lo general de manera errónea o inexacta, de diversos cálculos matemáticos; por otro lado, aprovechar estos casos para explicar de manera sencilla, amena y de lo más didáctica determinados conceptos matemáticos, tanto los más recurrentes en los guiones cinematográficos como algunos de los más fundamentales y decisivos de la historia de las matemáticas.

Sin embargo, el libro cuenta con un resultado añadido, que es la constatación del descuido, la banalización, la improvisación o el desconocimiento (por no decir desinterés) con el que a menudo se elaboran los guiones de determinados argumentos complicados, siguiendo la máxima de que “si no podemos ser complejos, seamos al menos confusos”. De este modo, y en especial en el cine reciente, el más imbuido de tramas con abundante carga tecnológica, observamos la gran cantidad de películas que introducen batiburrillos pseudocientíficos o que cometen errores de bulto que, disfrazados en la falsa seguridad de los protagonistas supuestamente cualificados, pueden lograr fácilmente su finalidad de engañar, o de camuflarse, ante espectadores poco iniciados en las matemáticas, pero que no logran dar gato por liebre al profesional o al público más paciente y meticuloso. Especialmente llamativo es el hecho de que en este tipo de películas, por lo común dotadas de generosos presupuestos, no existan partidas económicas para reclutar el debido asesoramiento, aunque tal vez quepa añadir que la presencia del rigor científico bien pudiera obligar a encerrar determinados guiones en el cajón para después tirar la llave.

Aventuras matemáticas en el cine habla, por tanto, de números y películas, cuidadosamente seleccionadas y magníficamente expuestas en su relación con las matemáticas, de títulos y personajes muy conocidos (de James Bond a Sherlock Holmes), pero también va más allá del propio cine, internándose en famosas series de televisión como The Big Bang Theory o The Simpsons o en pasajes de importantes obras literarias que también han jugado a hacer cuentas. Errores y pifias en operaciones matemáticas, cálculos de probabilidades (desde quién tiene más opciones de vencer en tal o cual duelo de película o la probabilidad de que haya vida inteligente en otros planetas o de que nos toque la lotería, a qué porcentaje real hay de encontrar a la pareja ideal), teorías de las conspiraciones matemáticas, humor a través de los números…, todo ello en un libro curioso y estimulante, para disfrutar del cine desde una óptica distinta y enriquecedora y también para que los profanos en la materia pierdan el miedo a los números de manera divertida y agradable.

 

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4 comentarios sobre “Haciendo números: Aventuras matemáticas en el cine, de José María Sorando (Ed. Guadalmazán, 2015)

  1. A medida que iba leyendo tu texto, amigo mío, me estaba poniendo automáticamente la servilleta bajo la barbilla y cogía un cuchillo y un tenedor, es decir, me estaba preparando para zamparme un suculento festín. Después descubro que no había nada en el plato. Hoy voy a la ciudad, como Paco Martínez Soria en La ciudad no es para mí, y espero encontrar este libro.
    La matemática, creo, no es tan difícil de asumir, y eso que yo en mates sacaba un cero patatero, pero esta es otra historia y otras matemáticas. La que hoy impera es la matemática del dinero fácil y rápido. Ya no existen productores sino inversionistas mercachifles del vacío total. El otro día tenía un catarro de mil demonios y no paraba de estornudar hacia la pantalla de televisión. Pusieron esa basura de Los juegos del hambre y allí me quedé mirando como un tonto y con la nariz que se parecía a un pimiento morrón. No me podía explicar (ni a través de las ecuaciones más sesudas) qué coño era aquello. Tanto los libros como estas pelis hacen pasta, mucha pasta. Ya se sabe que las generaciones jóvenes sienten poca curiosidad por lo que no es estrictamente coetáneo de ellas, pero aún y así, esas películas y novelas tienen menos sentido que los severos castigos que recibía en el cole por parte de mi profesor chiflado de mates, que nunca logró hacerme entender por qué una mosca ocupa y pesa “algo” en el espacio. Con doce años inventé una historieta titulada La mosca que amaba el insecticida. Lástima, el profesor matemático dio con ella y se puso como una moto. Rompió las cuartillas con los dientes.

    En fin, lo dicho, hoy tengo previsto ir a la ciudad para llenar mi pequeña bolsa de libros. Apuntado queda.

    Fuerte abrazo, amigo.

    1. Ah, amigo, salir de caza de libros. Uno de los mayores placeres de esta vida… No veas cómo tengo la mesa de trabajo. Un poco como tu estudio, repleta, pero en versión reducida (dejo los libros pendientes sobre la mesa, y sólo los coloco en su lugar asignado cuando ya los he leído y/o tomado las notas pertinentes).

      Caramba con tu profesor de matemáticas, qué iracundo… José María, al que tengo gusto de conocer personalmente (esto es primicia bloguera: presentaré su libro en Zaragoza el mes que viene), todavía no ha llegado, creo, a ese extremo, aunque tampoco es mucho de moscas, salvo que salgan en fotos (además de matemático, es un fotógrafo de humor muy zumbón).

      Ay, lo que me cuentas de los bodrios del hambre. No he querido ver ninguna, ni Juego de tronos (siempre que oigo hablar de ella pienso en la escena de Buñuel, la de los W.C. -por cierto, en el museo de Calanda hay un montón de ellos, alineados como butacas delante de un televisor-) ni mierdas de esas que llenan la publicidad disfrazada de artículos de opinión en los periódicos. En fin, buena caza, amigo.

      Abrazos

    1. Pues sí, aunque el libro demuestra que no por haber matemáticos las películas hablan más de matemáticas… De hecho, sólo aparece una referencia, una página que transcribe el diálogo de una secuencia. La verdad es que con el libro uno se da cuenta de que en el cine las matemáticas afloran donde y cuando menos te lo esperas.
      Besos

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