Alfred Hitchcock presenta: Venganza y Angustia (1955)

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Después de los famosos acordes de la Marcha fúnebre para una marioneta de Gounod, y de mostrar su no menos famosa silueta entre sombras, Alfred Hitchcock presenta:

Venganza (Revenge).

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Ralph Meeker y Vera Miles son una joven pareja de recién casados que vive en un campamento de caravanas de una luminosa y tranquila localidad californiana. A él le concedieron el traslado sin problema cuando adujo que su solicitud tenía que ver con las recomendaciones del médico sobre la salud de su esposa. A ella le encanta estar cerca del mar. El futuro les sonríe y, tal vez, haya llegado el momento de ampliar la familia… Pero cuando él regresa de su primer día de trabajo se da cuenta de que algo va mal: ella yace en el interior de la caravana, violada y magullada. La policía acude de inmediato, pero nadie ha visto al sospechoso, un viajante sin nombre ni rostro reconocible, y estos crímenes son muy difíciles de esclarecer, y mucho más complicado es lograr una condena… Así que el joven esposo se deja poseer por una idea fija: si diera con el culpable, lo mataría. Al día siguiente, circulando en coche por el pueblo, ella ve un hombre que camina por la acerca con una maleta grande, tal vez un muestrario de mercaderías, y dice “es él, ahí está”.

Dirigido por Alfred Hitchcock en persona, el primer capítulo de su famosa serie es una obra maestra de tensión y suspense concentrados en apenas veinticinco minutos. No sólo maneja adecuadamente los contrastes de escenarios e iluminación (de los soleados exteriores de la autopista y el aparcamiento de caravanas a los sórdidos interiores que sirven de escenario al crimen, o a los crímenes…); también desgrana la información y va colocando capas de inquietud sobre la aparente felicidad de la pareja en una espiral creciente que no deja de crecer hasta el clímax y el retorcido final. Así, por ejemplo, sabemos que ella era una bailarina que abandonó su carrera por problemas de ansiedad, y que él pidió el traslado de puesto de trabajo a una fábrica cerca del mar por recomendación médica. Por tanto, suponemos el peligro emocional que el violento episodio que acaban de sufrir puede significar para la estabilidad emocional de la pareja… Hitchcock construye el desenlace en el hotel de la ciudad con su habitual maestría, insinuando más que mostrando, pero no escatimando un ápice de la brutalidad asociada a la idea de venganza ciega. El cierre de la historia, absolutamente brillante, es una descarga de terror sobrevenido que termina por poner en primer plano el tema del relato: cómo la vida puede transitar del romance a la tragedia en apenas un destello, las décimas de segundo que cuesta pulsar el interruptor de la locura. Y con un inquietante subtexto: la policía no siempre tiene respuestas para todo, pero suele tenerlas con los inocentes cuando se atreven a dejar de serlo por un minuto.

Angustia (Breakdown).

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Joseph Cotten es un implacable y malhumorado ejecutivo que llama a las cosas por su nombre. Continuar leyendo

Música para una banda sonora vital – El baile de los vampiros (The fearless vampire killers or: pardon me, but your teeth are in my neck, Roman Polanski, 1967)

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Magnífica partitura del compositor polaco Krzysztof Komeda para acompañar esta terrorífica comedia o cómica cinta de terror en que la ironía y el horror, los escalofríos y las risas, se suceden a lo largo del metraje. La música opta por el miedo, y hay que reconocer que en pocas películas clásicas del género se hace tan efectiva.

Diálogos de celuloide – De entre los muertos (Vertigo, Alfred Hitchcock, 1958)

Stewart Vertigo Hitchcock_39-¿Cenará usted conmigo?

-¿Cenar y qué más?

-Solamente cenar (…). Podemos simplemente mirarnos mucho el uno al otro.

-¿Por qué? ¿Porque le recuerdo a ella? Eso no es muy halagador. ¿Y nada más?

-No.

-Eso no es muy halagador tampoco.

-Lo único que deseo es estar con usted tanto tiempo como me sea posible.

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-¿Por qué está usted haciendo esto? ¿Qué piensa conseguir con ello?

-No lo sé. Nada, supongo. No lo sé… Hay algo en usted… Continuar leyendo

El pasado siempre vuelve: Maccheroni (Ettore Scola, 1985)

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Un chiste fácil: estos Macarrones (como se llamó en España, aunque también, según el cartel o la edición en DVD, aparece denominada como Macarroni o Macaroni) tienen mucho tomate. Una salsa algo tópica, manida, recurrente, que funciona y se ve con agrado gracias a los protagonistas, nada menos que Jack Lemmon y Marcello Mastroianni, y al escenario escogido, la ciudad de Nápoles. El atractivo de los intérpretes y los encantos de las localizaciones sirven así para dejar en segundo plano los lugares comunes de un argumento que combina la nostálgica recuperación de un dulce pasado ya olvidado, cuya sensación de pérdida ha permanecido agazapada desde entonces en el ánimo del protagonista y que renace con fuerza pese a su resistencia inicial cuando regresa al lugar donde todo ocurrió, y el descubrimiento por parte de un adinerado y ocupado ejecutivo de dónde reside la autenticidad de la vida, por supuesto muy lejos de los despachos, rascacielos y ambientes del dinero y los negocios que ha de frecuentar por su trabajo. De todo ello, obviamente, se deduce la conclusión esperada: el personaje recapacita, entiende dónde empezó a torcerse su camino, se da cuenta de cuándo dejó de saber disfrutar de la vida y empezó a vivir para trabajar en lugar de trabajar para vivir, y hace el oportuno propósito de enmienda para que tal cosa no vuelva a suceder.

Maccheroni, dirigida por Ettore Scola en 1985, descansa así fundamentalmente en su dupla protagonista. Jack Lemmon es Robert Traven, ejecutivo de una importante compañía aeronáutica norteamericana que visita Nápoles en viaje de negocios. Su apretada agenda, el ajustado programa de viaje y sus abundantes compromisos profesionales le impiden dedicarse a otra cosa que no sean sus encuentros y reuniones con sus socios italianos, mientras que no se quita de la cabeza su situación en América, los movimientos empresariales en la matriz de la compañía y, sobre todo, su desencantada vida familiar. Tal vez por eso reacciona tan mal a la presencia de Antonio (Marcello Mastroianni), un hombre al que no reconoce pero que fue muy importante durante su primer paso por la ciudad en 1945, durante la Segunda Guerra Mundial. Y más importante que Antonio fue su hermana, con la que Robert mantuvo una relación mientras las tropas norteamericanas anduvieron por el sur de Italia.

Scola maneja el argumento con un tono agridulce en esa continua combinación de la nostalgia del encorsetado Traven por su vida perdida con el desenfado y la espontaneidad de Antonio, un hombre que ha mantenido viva la llama del amor en su hermana escribiendo cartas ficticias, remitidas supuestamente por Robert desde los rincones más variopintos del planeta, repletas de las anécdotas más disparatadas en las que invariablemente destaca su carácter heroico, desinteresado, prácticamente sobrehumano. Continuar leyendo

Cine en fotos – Sam Shepard

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Recuerdo cuando intentaba imitar la sonrisa de Burt Lancaster después de haberle visto con Gary Cooper en Veracruz. Durante muchos días estuve practicando en el patio de atrás. Serpenteando por entre las tomateras. Riendo con todos los dientes al desnudo. Riéndome de esa risa. Alzando el labio superior para descubrir los dientes. Después de practicar esa sonrisa durante unos cuantos días intenté utilizarla ante las chicas de la escuela. Ellas no parecían ni enterarse. Forcé mi interpretación hasta que empezaron a producirse extrañas reacciones entre mis compañeros. Miraban fijamente mis dientes, y asomaba a sus ojos una expresión asustada. Yo no me acordaba de lo feos que eran mis dientes. De que uno de ellos lo tenía podrido, de color pardo y montado encima del diente roto que estaba a su lado. De hecho, había llegado a estar convencido de que era poseedor de una hilera de perfectos y perlados dientes como los de Burt Lancaster. Como no quería asustar a nadie, dejé de reír en cuanto me di cuenta de lo que pasaba. Sólo lo hacía cuando estaba solo. Poco después dejé de hacerlo incluso a solas. Volví a mi cara vacía.

25/4/81

Homestead Valley, Ca.

De Crónicas de motel, de Sam Shepard (Anagrama, 1985).