Música para una banda sonora vital – Django (Sergio Corbucci, 1966)

django_39

El auténtico, el genuino Django, es hispano-italiano, y su autoría se debe a los hermanos Corbucci, Sergio y Bruno, el alma de spaghetti western en dura competencia con el mismísimo Sergio Leone. Protagonizada por Franco Nero, el éxito de esta película, prohibida en el Reino Unido por su carácter ultraviolento (de ella, ni más ni menos, extrajo Quentin Tarantino, además de una película del doble de duración que su inspiración, la famosa secuencia de Reservoir dogs donde le rebanan la oreja a un policía), dio origen a una saga en la que el personaje del pistolero que arrastra un ataúd y acaba con todo lo que se mueve fue interpretado por varios actores después de que Nero se hartara del papel y buscara abrir nuevos caminos en su carrera (con Luis Buñuel, por ejemplo, en Tristana, cuatro años más tarde). Entre ellos, el “mítico” Terence Hill, con el que la serie, cada vez más autoparódica, no tardaría en convertirse en otro tipo de saga muy distinta cuando coincidió en pantalla con Bud Spencer.

Tarantino también fusiló, literalmente, su música, obra de Luis Enrique Bacalov. Como homenaje, claro.

Mis escenas favoritas – Gran Torino (Clint Eatwood, 2008)

Torino_39

Tragicomedia de iniciación y relato de despedida en clave personal, esta película de Clint Eastwood es probablemente una de las más incomprendidas e injustificadamente denostadas de su filmografía, en especial en la que se refiere a su prolífica producción a una edad ya avanzada. Sin embargo, el tiempo ha terminado por poner el cine de Eastwood en su sitio, y es razonable pensar que con este título (máxime a la vista de ciertas cosas que ha hecho después, merecedoras, sí, de mayores varapalos que la que nos ocupa) sucederá lo mismo.

En la película, Eastwood parodia y se despide de toda una línea de caracteres y temáticas que, junto con el western, que ya tuvo su propio y monumental final en la carrera de Eastwod en la década anterior, han presidido la parte sustancial de su obra: los polícias, los militares, los tipos duros y expeditivos de inspiración conservadora y modales y actitudes propios de lo más oscuro de los tópicos asociados a la cultura norteamericana. Como muestra de esa óptica paródica, la secuencia de la peluquería, en la que queda en primer plano la absoluta ridiculez de ciertos modelos de masculinidad y aceptación tantas veces representados por Clint Eastwood en la pantalla (de modo no menos paródico en más de una ocasión).

Holmes y Watson en el Canadá francés: La garra escarlata (Sherlock Holmes and the scarlet claw, Roy Willian Neill, 1944)

Garra_escarlata_39

Esta película pasa por ser una de las mejores, si no la mejor, de la larga saga detectivesca (casi docena y media de títulos en apenas algo más de un lustro) de Sherlock Holmes y el doctor Watson protagonizada por Basil Rathbone y Nigel Bruce, la mayor parte de las cuales están dirigidas por el director irlandés (aunque nacido en un barco en alta mar) Roy William Neill. En esta ocasión, los investigadores se desplazan al Canadá francófono para toparse con un misterio de tintes fantásticos y ocultistas que resulta ser mucho más mundano de lo que parece, aunque igualmente fascinante y escurridizo.

La extraña muerte de lady Penrose tiene lugar durante la visita que Holmes y Watson realizan a una sociedad ocultista de Québec, presidida precisamente por lord Penrose. Ambos se desplazan al lugar de los hechos, un tranquilo pueblecito donde pesa demasiado el recuerdo de una vieja leyenda que trata de un espectro de los páramos que años atrás acabó con la muerte de tres personas al mismo tiempo que sonaba la campana de la iglesia. Se da la circunstancia de que la muerte de lady Penrose ha tenido lugar al pie del campanario, que esa noche la campana no dejó de sonar. Así, Holmes y Watson se dan de bruces con un pueblo supersticioso, temeroso de espíritus y espectros, en especial de una especie de ánima fosforescente que se rumorea que pasea por los nebulosos páramos de los alrededores en las noches en que se producen muertes inexplicables.

Como siempre ocurre con los títulos de esta serie, los puntos fuertes de la cinta son las interpretaciones de la pareja protagonista, así como la relación entre sus personajes, el continuo contrapunto que mezcla lo humorístico y lo bufonesco con el choque de caracteres, temperamentos y actitudes racionales ante los hechos a los que se enfrentan. A esto hay que añadir el sello personal del director, Roy William Neill, su inmensa capacidad para narrar argumentos complejos en metrajes muy breves (en este caso apenas 74 minutos) y a un ritmo endiablado aunque meticuloso y muy preciso, además del trabajo de fotografía y de puesta en escena para la construcción de atmósferas turbias, intrigantes, amenazantes, misteriosas, que en esta película alternan los interiores urbanos y las localizaciones callejeras de un pequeño núcleo urbano rural con los entornos campestres, de pantanos y marismas cubiertos de sepiternas nieblas. Continuar leyendo

Periodismo ‘noir': Mientras Nueva York duerme (While the city sleeps, Fritz Lang, 1956)

While-the-City-Sleeps-39

Lo primero que llama la atención de Mientras Nueva York duerme (While the city sleeps, Fritz Lang, 1956) es su excepcional reparto: Dana Andrews, Rhonda Fleming, George Sanders, Vincent Price, Thomas Mitchell, Ida Lupino y, entre los secundarios, Howard Duff, John Barrymore Jr., James Craig o Vladimir Sokoloff, entre otros. Lo segundo, es la estupenda combinación entre cine de intriga (con tintes negros), drama, romance y ambiente periodístico que desarrolla la historia a lo largo de sus 99 minutos de metraje.

El hecho criminal, los asesinatos de mujeres jóvenes y apetitosas cometidos por un psicópata (Barrymore), no son otra cosa que el pretexto para lo que le interesa contar al guión de Casey Robinson (inspirado en una novela de Charles Einstein), los cruces de caminos sentimentales y profesionales entre distintos personajes alrededor de un poderoso grupo de comunicación que incluye un periódico, una emisora de televisión y una agencia de noticias. La muerte de Amos Kyne, el carismático dueño del grupo Kyne, tiene lugar súbitamente, pero no antes de que haya podido aleccionar a sus redactores sobre la manera de tratar adecuadamente el caso del asesinato de mujeres para explotarlo convenienvemente en sus periódicos: bautiza al criminal como “el asesino del pintalabios”, ya que ha dejado un mensaje de lectura psicoanalítica (el texto alude a la figura materna) pintado en la pared del apartamento de una de las víctimas con un lápiz de labios. La toma de posesión del asiento del dueño por su díscolo, irresponsable y vividor hijo Walter (Vincent Price) viene acompañada por su ocurrencia para hacer competir a sus empleados y lograr así exprimir hasta el límite la noticia. Crea un puesto de director ejecutivo que ocupará quien resuelva el crimen. Mark Loving, responsable de la agencia de noticias (Sanders), Day Griffith (Mitchell), editor del periódico, y Harry Kritzer (James Craig), redactor y responsable de fotografía e ilustraciones, compiten desde entonces por esclarecer su comisión. Situado al margen, Ed Mobley (Andrews), que disfruta de su fama de escritor tras haber recibido el Pulitzer y del éxito de su programa de televisión, idea junto a su amigo el teniente Kaufman (Duff) un arriesgado plan para encontrar al culpable: usar como cebo a Nancy (Sally Forrest), la secretaria de Loving, con la que acaba de prometerse en matrimonio. No obstante, la lucha profesional viene condicionada por las relaciones personales: Ed se compromete con Nancy, pero desea a Mildred (Lupino), redactora y esposa de Loving; este, a su vez, acosa abiertamente a Nancy; por otro lado, Harry mantiene una relación adúltera con Dorothy (Rhonda Fleming), la esposa del nuevo propietario…

La película teje así una red de heterogéneos elementos que confluyen en un único clímax: un asesino psicópata con frustraciones sexuales y sometido a una madre dominante; una aproximación crítica a la estabilidad matrimonial y a las relaciones de pareja, en concreto de las infidelidades de distinto signo a la rutina y el aburrimiento que preside el anodino noviazgo de Nancy y Ed; el uso del erotismo y el sexo para la consecución del éxito personal, social y profesional (así se adivina en los personajes de Fleming y Lupino, carnal, sensual, absolutamente voluptuosa la primera, más sofisticada y glamurosa la segunda); la lucha de jerarquías, maquinaciones, envidias y enfrentamientos profesionales en torno a los medios de comunicación; la tentación de caer en el sensacionalismo en la continua búsqueda por vender más ejemplares u obtener más audiencia, aunque sea a costa de explotar los detalles morbosos por encima del rigor informativo o de la verdad periodística…

Situada en el despegue de la televisión como medio de masas a mitad de los años 50, uno de los elementos más curiosos es el retrato del trabajo “artesanal” en el ambiente televisivo de los primeros tiempos. No obstante, la gran fuerza de la historia descansa en el clima puramente periodístico, tanto en la redacción, los despachos, la sala de teletipos y, en especial en las relaciones de poder y ambición entre sus paredes, como en los bares y en las largas madrugadas de copas. Continuar leyendo

Música para una banda sonora vital – Homenaje a Leonard Nimoy

nimoy_39

Vale, vale, como director era un churro, y como actor quedó confinado y encasillado en un único papel relevante (aunque tiene otras estimables apariciones por ahí). Pero precisamente por eso es un icono del cine, una de las imágenes más reconocibles del siglo XX, y además el tío tenía el suficiente sentido del humor como para chotearse de sí mismo (y de algún socio) impunemente.

Bruno Mars, Lazy song. Cortesía de Francisco Machuca.

Y el choteo continúa:

El Buñuel de siempre: Así es la aurora (Cela s’appelle l’aurore, 1956)

así es la aurora_39

Después de la genial Ensayo de un crimen (1955), Luis Buñuel recibe una primera oferta para regresar a Francia. De este paréntesis francés previo a sus últimos trabajos mexicanos y a sus puntuales experiencias en España, surgirán tres películas tradicionalmente olvidadas pero estimables, La muerte en este jardín (La mort en ce jardin, 1956), La fiebre subre al Pao -conocida también como Los ambiciosos- (La fièvre monte à El Pao, 1959), ambas coproducciones franco-mexicanas, y esta Así es la aurora en coproducción con Italia, película modesta, sencilla y honesta que no obstante acapara todos los tonos y temas propios de la filmografía del maestro aragonés.

El doctor Valerio (Georges Marchal), médico residente en una pequeña ciudad de Córcega envía a su mujer (Nelly Borgeaud) a Niza después de que haya sufrido un leve mareo en la calle y el pequeño percance haya generado una importante discusión sobre su futuro matrimonial. Ella se ahoga en la isla, no tiene amistades, no encuentra ocupaciones e intereses, y pasa la mayor parte del día sola. Por ello insiste en que Valerio acepte trasladarse a Niza, donde gracias al apoyo de su padre (Henri Nassiet) podrá abrir consulta, tener una buena cartera de pacientes acaudalados y ganar mucho dinero. Valerio se resiste porque no quiere dejar abandonados a sus pacientes, la gran mayoría pobres trabajadores y pescadores, ya que le costaría mucho encontrar un sustituto que aceptara desplazarse a un lugar tan apartado y aburrido, sin alicientes vitales, y en última instancia también porque en una de sus urgencias ha conocido a Clara (Lucia Bosé), una fascinante y hermosa viuda que pasa unos días en la isla. Entonces Valerio descubre que no es tanto el posible abandono de sus pacientes lo que le preocupa, sino la compañía en su marcha al continente. Sus dudas sentimentales conviven con el enrarecido clima económico y social de la ciudad, en la que el terrateniente se enfrenta a las protestas y huelgas de un grupo de trabajadores, y toma decisiones que para algunos de ellos suponen prácticamente verse en la miseria.

La película, que recibió tibias valoraciones y críticas a su supuesta falta de calidad “artística”, atesora los principales temas del cine de Buñuel. De entrada, nos encontramos en la oposición entre los humildes trabajadores y pescadores frente a las clases adineradas y la autoridad policial, ambas bendecidas por el poder eclesiástico, y con un personaje (no por casualidad hombre de ciencia y encarnación de la protección de la vida humana) que nada entre ambos mundos pero que desde una perspectiva humanista no puede dejar de percibir la injusticia y la ilegitimidad del desigual reparto de riquezas y comodidades. Esa rebeldía hacia la falta de equilibrio social viene complementada por sus remordimientos ante el pecado de adulterio, la lucha entre lo que desea y aquello a lo que está obligado por la ley de dios y la de los hombres. Continuar leyendo