La tienda de los horrores – Moulin Rouge

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¿Puede existir el musical sin música, sin canciones? ¿Puede el musical sobrevivir sin una sola coreografía, sin un número de baile? ¿Dónde reside el mérito, la magia, el buen hacer, de esta clase de cine? ¿Cuáles son los méritos que lo han convertido en un género indisoluble de la propia historia del cine, por más que a algunos nos salgan pústulas con el 99% de ellos? Esta “película” de Buzz Luhrmann, quien ha vuelto a lucirse con ese cutre manual de épica de escaparate para no iniciados que es Australia, con el guaperas Hugh Jackman y una recauchutadísima Nicole Kidman, otra a añadir a la lista de “bocas de pato”, no es, pese a su apariencia repulsivamente recargada, una película pretenciosa. Porque ofrece exactamente lo único que tiene: apariencias inconsistentes y maquillaje en exceso. Y nada más.

Colofón de una trilogía cuyas dos primeras producciones apenas tuvieron repercusión fuera de Australia, Luhrmann se inventa un París de 1900 que mezcla cierta recreación histórica con una estética entre futurista y videoclipera visualmente impactante, hay que reconocerlo, y en la que sitúa una azucarada historia de amor llena de ridículos tópicos casi ofensivos para la inteligencia: escritor bohemio que viaja a Paris para convertirse en el gran novelista del siglo que va a entrar; cabaretera, prostituta ocasional para contribuir a los fines de su marido, de la que se enamora; pretendiente rico pero malo, maloso, que quiere comprar a la mujer; tuberculosis que hace su amor imposible, y demás vómitos argumentales. Sigue leyendo “La tienda de los horrores – Moulin Rouge”

Diálogos de celuloide – Cromwell

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Es curioso, señor Ayton. Todo el que se lanza a una guerra cree que Dios está de su parte y Dios debe de preguntarse a menudo quién es el que está con Él.

Cromwell. Ken Hughes (1970).

Cine para pensar – El retrato de Dorian Gray

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Lo único importante es la belleza.

Albert Lewin, director de dos películas (ambas sobresalientes; la otra es Pandora y el holandés errante, de 1950, con James Mason y Ava Gardner, entre otros), escribió y realizó en 1945 la que, hasta la fecha, es la mejor adaptación de la inmortal novela de Oscar Wilde. Se ha dicho a menudo que su mérito es nulo, que se limita a copiar fielmente los diálogos de la novela y a mutilar diversos fragmentos y reflexiones. Injusta valoración propia de quien critica el cine según un modelo meramente literario y no cinematográfico, por no mencionar el hecho de que sería estúpido pretender adaptar la obra (como han hecho todas y cada una de las versiones posteriores, concebidas en apariencia para el lucimiento de los distintos guaperas de moda pero sin garra ni mordiente más allá de una estética pretendidamente sofisticada pero vacía) sin incluir las magistrales conversaciones que escribió Wilde, en las cuales reposa la mayor parte de la carga filosófica, moral e intelectual de una obra maestra de la literatura.

Como tal obra la historia es bien conocida: Dorian Gray (Hurd Hatfield) es un elegante y sofisticado joven de la alta sociedad londinense cuya belleza angelical no pasa desapercibida para las mujeres y cuya fortuna permite que su futuro matrimonial sea objeto de interminables polémicas en los salones de té de las damas de la aristocracia. Esa belleza no le pasa inadvertida a Basil Hallward, un pintor en horas bajas que descubre en el rostro de Dorian el vehículo para la realización de un retrato perfecto y en éste la rentabilidad que sus pinturas habituales no le dan. Dorian, complacido en su vanidad, accederá a ello y acudirá con frecuencia al estudio del pintor, al igual que un amigo de éste, un cínico y sarcástico lord llamado Henry Wotton (impecable, absorbente, magnético George Sanders), que se ve inmediatamente atraído por la personalidad de Gray y por el efecto que una belleza tan perfecta ejerce en él mismo y a su alrededor. Sigue leyendo “Cine para pensar – El retrato de Dorian Gray”

Música para una banda sonora vital – Excalibur

Esta épica película de 1981 en la que John Boorman logró plasmar como nadie el misterio, la magia y la mitología de la leyenda artúrica, con una escenografía muy particular pero alejada de los leotardos y los arcos y flechas de cartón de los años 50, contiene en uno de sus momentos álgidos nada menos que el fragmento más conocido de la monumental obra Carmina Burana del alemán Carl Orff. En particular, se trata de la escena de la batalla final, donde Arturo se recupera de su embrujo y acude con lo que queda de sus Caballeros de la Tabla Redonda a su último combate con Sir Mordred, mientras que los campos, sumidos en las tinieblas, la oscuridad y el hechizo sombrío del mal, recuperan la primavera. Una película mágica, mítica, en la que podemos descubrir, en papeles de mayor o menor relevancia, a actores y actrices como Helen Mirren, Liam Neeson o Gabriel Byrne.

Ofrecemos dos vídeos. El primero contiene la célebre pieza como ilustración musical de la recreación que en los llanos de Hastings tuvo lugar en 2006 para conmemorar el 940 aniversario de la conquista de Inglaterra por los normandos del rey Guillermo. El segundo muestra el fragmento de la película de Boorman con la pieza de Carl Orff. Épica y magia en estado puro.

Risas, lágrimas y buen provecho: Un toque de canela

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Cuando en la categoría Cine en serie abordamos un listado de películas que tenían que ver en buena parte con la manduca, todavía no le habíamos echado el ojo a esta hermosísima cinta dirigida en 2003 por el griego Tassos Boulmetis, una de esas pequeñas joyas que resultan damnificadas de la americanitis de las carteleras y cuyo destino son los pases televisivos a horas intempestivas en los que espectadores desocupados se llevan de repente un verdadero sorpresón al caer por casualidad ante una pequeña maravilla. Con un buen surtido de lo mejor de la escena griega, actores prácticamente desconocidos para nosotros exceptuando al protagonista George Corraface, la película es una apreciable conjunción entre comedia costumbrista, drama sentimental y mosaico histórico y emotivo de las relaciones greco-turcas durante el siglo XX.

La película se abre con una serie de sugerentes, confusas e hipnóticas imágenes (ay, esos efectos digitales metidos con calzador sin que hagan falta para nada y que le dan un horroroso aspecto de videojuego a una película que por su temática es lo más diametralmente opuesto; especialmente las “tomas aéreas” de las ciudades resultan realmente vomitivas) que inmediatamente nos llevan al interior de un observatorio en Grecia, donde Fanis (Corraface), un célebre profesor de astrofísica, está impartiendo una clase. Fanis se halla en un punto de inflexión vital: cuarenta años, una exitosa vida profesional y una embrionaria vida personal. Su mentor en la distancia, su abuelo Vassilis, propietario de una tienda de ultramarinos en el barrio griego de Estambul y un auténtico pensador forjado a sí mismo que utiliza la comida y las especias como verdaderos axiomas, proposiciones y construcciones filosóficas, vive solo en Turquía desde que se opuso a marcharse con el resto de la familia, reacio a abandonar su ciudad a pesar de la sistemática opresión de la que los ciudadanos griegos eran objeto cada día por las continuas tensiones entre los dos países. No se ven desde que Fanis tenía siete años, a pesar de las continuas promesas del anciano durante todo aquel tiempo de viajar a Grecia para reencontrarse. Por eso, la próxima llegada del anciano coincidiendo con su crisis personal, se convierte para Fanis en todo un acontecimiento vital que se ve, como siempre, truncado por una nueva cancelación del viaje, esta vez no por la anticipada nostalgia de Vassilis por la marcha temporal de un hogar al que cree que no volverá si se le ocurre abandonarlo durante unos días, sino por una repentina enfermedad. Sin embargo, Fanis volverá a Estambul después de más de treinta años para ocuparse de su abuelo, lo que le abrirá una puerta a sus recuerdos de familia, a la vida entre griegos en un Estambul cada vez más hostil y a su propio y vacilante interior, todo a través del recuerdo de las ricas salsas y condimentos que empleaba su abuelo y que le llevaron a aficionarse a la cocina desde niño, dejando a todos boquiabiertos con sus dotes culinarias. Sigue leyendo “Risas, lágrimas y buen provecho: Un toque de canela”

Intriga en tiempos de guerra: La noche de los generales

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Varsovia, 1942. Tercer año de la ocupación alemana de Polonia. Un grito de horror rasga la noche en una modesta casa de huéspedes. En el silencio solemne que sigue el paso de la muerte, un vecino asciende furtivamente la escalera en dirección al piso de donde provenía el terrorífico lamento, pero al escuchar un ruido de pasos se esconde en el cuarto que sirve de aseo. Nervioso, comprende que lo que ha escuchado es el sonido del crimen, del asesinato, y adivina que quien desciende por la escalera es el asesino. Por una rendija logra ver parte del cuerpo del criminal, no así la cara. Lo que ve le deja estupefacto: un uniforme gris verdoso, botas relucientes y una franja roja en la pernera de los pantalones del uniforme que indica la presencia de un general de la Wehrmacht al que ya no tendrá ninguna curiosidad por identificar averiguando su rostro. No obstante, el mayor Grau, experto conocedor de su oficio, averigua pronto que solamente tres generales alemanes no cuentan con coartada para esa noche, y el descubrimiento del culpable se convertirá en una peligrosa obsesión que importuna a los altos mandos en medio de una crisis militar en plena retaguardia polaca, con lo que la investigación se verá amenazada por razones de oportunidad política y militar.

Esta coproducción francobritánica no desluce para nada en la comparación con cine norteamericano del mismo corte de mediados de los sesenta. Combinación de cine bélico, histórico, romance y suspense policiaco “cazapsicópatas”, la cinta quizá sea vista hoy como un producto un tanto pretencioso, sobre todo por la cantidad de temas que pretende abarcar y el insatisfactorio tratamiento en el que deriva alguno de ellos, pero no se puede negar que Anatole Litvak se conduce con solvencia en esta historia con tantos puntos de interés que, si bien en algún momento parece perder el norte de lo que quiere contarnos, atrapa con su intriga bien manejada y con la apasionante narración de hechos históricos de la Segunda Guerra Mundial y los años siguientes como la represión en Polonia, el expolio cultural de Francia, la liberación de París por los aliados, la memoria colectiva europea en los años sucesivos al final de la guerra, el reciclaje de muchos nazis a la vida civil, los juegos de poder dentro del ejército o el atentado contra Hitler a cargo del general Von Stauffenberg, episodio que Bryan Singer y Tom Cruise revisitan en la inminente Walkyrie. Sigue leyendo “Intriga en tiempos de guerra: La noche de los generales”

Mis escenas favoritas – South park

Vaya por delante que, personalmente, detesto el humor vulgar y soez de esta película, aunque simpatizo con sus cargas de profundidad contra la política del gobierno norteamericano y con su disección mordaz, irreverente y perspicaz sobre las contradicciones de la sociedad capitalista. Por eso, a pesar del gusto personal y de que uno, en su papel de cenizo habitual, no cree que muchas cosas vayan a cambiar en el mundo aunque cambie el color de la piel de un presidente (y que conste que deseo enormemente equivocarme en este punto), en el día en que George W. Bush se larga y nos deja algo más tranquilos (aunque sea poco visto lo que está cayendo), le dedicamos esta performance de una de las escenas de la peli a ese ser abominable con todo el desprecio del mundo para él y los suyos, norteamericanos o no, deseándole, eso sí, que tenga una vida larga llena de introducciones masivas y continuas de adminículos gruesos y rasposos por donde le amargan los pepinos.

Aprovechamos para congratularnos de que ninguno de estos pazguatos haya formado parte de las 300.000 visitas que hemos tenido el honor de recibir en el año, nueve meses y quince días que esta escalera lleva abierta a todo aquel que quiera subirla y bajarla, y donde son bienvenidos todos los amantes del cine, de la música o de cualquier otra faceta de la vida que excluya la mala fe y el daño gratuito.

Gracias a todos.