Música para una banda sonora vital: El hombre de Mackintosh (The MacKintosh Man, John Huston, 1973)

Maurice Jarre compone la partitura de este tibio thriller de espionaje escrito por Walter Hill y dirigido por John Huston, en el que lo mejor, música aparte, es la interpretación de un James Mason que, como siempre, borda la encarnación de tipos diabólicamente retorcidos.

 

Música para una banda sonora vital: Degüello, de Dimitri Tiomkin

Suele atribuirse a Ennio Morricone y a sus partituras para Sergio Leone la introducción de guitarras españolas, trompetas y campanas en la música del western. No obstante, Dimitri Tiomkin, compositor ucraniano emigrado a Hollywood tras el crack del 29 (después de pasar por Berlín, Londres y Nueva York) y gran enamorado de la música norteamericana, ganador de cuatro premios Óscar y nominado otras once veces, compuso para Río Bravo (Howard Hawks, 1959) Degüello (o, como la describe Ricky Nelson en la película, La canción del degüello), tema que habrían tocado los mexicanos del general Santa Anna en el asedio a la misión de San Antonio de Béjar durante la guerra de independencia de Texas, iniciando la senda de composiciones de aire mexicano para las películas de frontera seguida después, entre otros, por Elmer Berstein y, por supuesto, por Morricone en sus creaciones para el spaghetti-western. Un año después, Tiomkin la introdujo nuevamente en la banda sonora de El Álamo (John Wayne, 1960).

Mis escenas favoritas: El crepúsculo de los dioses (Sunset Boulevard, Billy Wilder, 1950

Excelso colofón para esta obra maestra de Billy Wilder, pura anatomía de Hollywood a corazón abierto. De cuando Hollywood era Holllywood…

Música para una banda sonora vital: Master and Commander: al otro lado del mundo (Master and Commander: The Far Side of the World, Peter Weir, 2003)

Uno de los grandes aciertos de la, por otra parte, irregular propuesta de Peter Weir para la adaptación a la pantalla del universo de Patrick O’Brien y su serie de novelas sobre las aventuras del capitán naval Jack Aubrey es la elección de la música. En particular, el empleo de La Musica Notturna Delle Strade di Madrid de Luigi Boccherini, compositor italiano afincado por más de cuarenta años en la corte española. En el primer vídeo, se incluye la versión incluida en la banda sonora de la cinta. En el segundo, la partitura completa de Boccherini dirigida por Jordi Savall.

Mis escenas favoritas: Alexander Nevsky (Aleksandr Nevskiy, Sergei M. Eisenstein, 1938)

Estaba claro que la biografía de Alexander Nevsky era carne de propaganda soviética. El príncipe defendió y protegió a la Rusia del siglo XIII de una doble invasión, la teutona por el norte y la mongola por el este. La batalla sobre la superficie helada del lago Peipus, adornada con la inmensa partitura compuesta por Sergei Prokofiev, es uno de los momentos más brillantes de esta cinta del maestro soviético Sergei M. Eisenstein, ya más que cuestionado entonces por las instancias oficiales de la dictadura.

La secuencia destaca tanto por su valor simbólico y su carácter premonitorio (no iban a tardar mucho nuevos invasores alemanes en vérselas con un feroz enemigo ruso sobre superficies heladas) como por su significativa ruptura del eje en la construcción narrativa.

Hablamos de Chinatown (Roman Polanski, 1974) en La Torre de Babel de Aragón Radio