Mis escenas favoritas: La escopeta nacional (Luis García Berlanga, 1978)

Dos muestras de la actual vigencia de esta excepcional comedia de Luis García Berlanga, una auténtica radiografía de la idiosincrasia de ciertos sectores aún vigentes, incluso dominantes, en la sociedad española.

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Música para una banda sonora vital: There’s no business like show business

Otro tema inmortal del musical clásico, en este caso lo más memorable de Annie, la reina del circo (Annie get your gun, George Sidney, 1950), historia de Annie Oakley, pistolera y acróbata profesional del famoso circo de Buffalo Bill. Betty Hutton, Howard Keel, el gran Louis Calhern y Keenan Wynn interpretan esta canción imperecedera, asociada desde siempre a los grandes musicales de Hollywood, plenos de color, espectáculo y vitalismo. Casi un himno no oficial de la capital mundial del cine.

Mis escenas favoritas: Ciudadano Kane (Citizen Kane, Orson Welles, 1941)

Vaya por delante que hacer listas de películas, “las mejores de…”, como de cualquier otra cosa, le parece a quien escribe una absoluta gilipuertez. Un producto de la actual cultura del ránking, que necesita, al parecer, clasificarlo, categorizarlo, priorizarlo todo, en un absurdo alarde publicitario de esa tontería de nuestro tiempo, mandamiento supremo de la sociedad de consumo, que consiste en convertir en sinónimos los términos “más” y “mejor”.

Ciudadano Kane (Citizen Kane, Orson Welles, 1941) ha encabezado, y periódicamente vuelve a encabezar de vez en cuando (porque algo intrínseco de esas listas es que estén renovándose continuamente, para multiplicar las posibilidades de negocio y que el rendimiento de los productos nunca se detenga) esas listas de mejores películas de la historia que, en teoría, pretenden seleccionar y lo que hacen en realidad es limitar, ignorar, ocultar. En cualquier caso, la película de Welles merece atención y justo reconocimiento porque la cantidad y la calidad de las cualidades cinematográficas que atesora son impagables, inagotables, ineludibles. Valgan como muestra dos secuencias que prueban que continente, contenido y mensaje forman un todo indivisible cuando hablamos de cine en estado puro, de arte cinematográfico con mayúsculas.

Música para una banda sonora vital: That’s entertainment!

Clásico de los clásicos del musical de Hollywood, That’s entertainment, interpretada por Fred Astaire, Nanette Fabray, Jack Buchanan y Oscar Levant, es uno de los momentos más recordados de Melodías de Broadway (1955) (The band wagon, Vincente Minnelli, 1953), producida por la unidad que Arthur Freed dirigía dentro de MGM, y uno de los himnos inmortales de la edad dorada del cine asociado al gran espectáculo de entretenimiento, vitalista y colorista. El reparto de la película, además de los mencionados, contiene a ilustres como Cyd Charisse y Ava Gardner.

Mis escenas favoritas: Tristana (Luis Buñuel, 1970)

El gran cine es aquel por el que nunca pasa el tiempo, el que siempre nos lleva a arquear una ceja, da igual el número de veces que hayamos visto una película, una secuencia, o escuchemos una frase o un diálogo. Buñuel siempre remueve la conciencia y los sentimientos. Por algo es el más grande.

Y otra de propina:

 

Mis escenas favoritas: Amadeus (Milos Forman, 1984)

Una vez más, recordamos que esta película de Milos Forman se basa en una obra teatral de Peter Shaffer (hermano de Anthony, célebre dramaturgo y guionista de historias de intriga y suspense detectivesco), adaptada a guion cinematográfico por el propio autor y que, por tanto, no se ajusta del todo a la realidad. Como ocurre, por ejemplo, con la presunta enemistad entre Mozart y Salieri, que no fue tal, pero que es uno de los hilos conductores de esta magnífica película, todo un clásico desde el mismo momento de su estreno, valga el chiste…

Nos quedamos con el momento detonante de ese presunto odio de Salieri por Mozart, que la trama extiende hasta el encargo del famoso Réquiem y a la propia muerte del compositor de Salzburgo.

 

Mis escenas favoritas: Habitación para cuatro (Amici miei, Mario Monicelli, 1975)

El cine sobre grupos de amigos constituye por sí mismo prácticamente un subgénero, ya sea en el drama o en la comedia. El cine italiano, en particular, manifiesta cierta predilección por las historias sobre hombres ya más que maduros que buscan en la pandilla, en la cuadrilla de amigos de toda la vida, un oasis en el que prolongar la adolescencia y escapar de las penurias e insatisfacciones de la vida adulta. En el caso de esta corrosiva obra del maestro Monicelli, el instrumento de la eterna juventud son las bromas pesadas, de las que las víctimas son siempre otros, a veces incluso desconocidos.

Esto también nos lo ha quitado el AVE…