Mis escenas favoritas – Gran Torino (Clint Eastwood, 2008)

Torino_39

Tragicomedia de iniciación y relato de despedida en clave personal, esta película de Clint Eastwood es probablemente una de las más incomprendidas e injustificadamente denostadas de su filmografía, en especial en la que se refiere a su prolífica producción a una edad ya avanzada. Sin embargo, el tiempo ha terminado por poner el cine de Eastwood en su sitio, y es razonable pensar que con este título (máxime a la vista de ciertas cosas que ha hecho después, merecedoras, sí, de mayores varapalos que la que nos ocupa) sucederá lo mismo.

En la película, Eastwood parodia y se despide de toda una línea de caracteres y temáticas que, junto con el western, que ya tuvo su propio y monumental final en la carrera de Eastwod en la década anterior, han presidido la parte sustancial de su obra: los polícias, los militares, los tipos duros y expeditivos de inspiración conservadora y modales y actitudes propios de lo más oscuro de los tópicos asociados a la cultura norteamericana. Como muestra de esa óptica paródica, la secuencia de la peluquería, en la que queda en primer plano la absoluta ridiculez de ciertos modelos de masculinidad y aceptación tantas veces representados por Clint Eastwood en la pantalla (de modo no menos paródico en más de una ocasión).

Mis escenas favoritas – Annie Hall (Woody Allen, 1977)

annie-hall_39

El otro día me encontré en la cola del cine un tipo que me recordó esta secuencia… Curiosamente, él tampoco me dejó disertar sobre Fellini ni sobre McLuhan ;-) En realidad, Luis Buñuel no aceptó la propuesta de Allen de participar en esta secuencia, de modo que Woody echó mano del filósofo canadiense, que también se embolsó los treinta mil pavos que ofrecía por una tarde de trabajo.

Mis escenas favoritas – El maestro de esgrima (Pedro Olea, 1992)

El maestro de esgrima_39

Con todas sus imperfecciones, esta película de Pedro Olea sigue siendo la más solvente traslación a la pantalla de la literatura de Arturo Pérez-Reverte, poco afortunada por lo general en sus viajes al cine. Este fragmento en particular muestra además cierto carácter premonitorio, y revela el hecho de que tal vez las movilizaciones ciudadanas de la Puerta del Sol, con todo lo que han traído después, provengan de algo más allá de donde pensábamos. Concretamente de La Gloriosa.

Mis escenas favoritas – Moby Dick (1956)

moby-dick-39

Espectacular pasaje de Moby Dick (John Huston, 1956), el sermón del padre Mapple (Orson Welles) encaramado en lo alto del mascarón de proa que sirve de altar en la humilde parroquia, cuyos muros están decorados con las lápidas de los muertos y desaparecidos en el mar, de un humilde puerto ballenero de la costa este de Estados Unidos. Significativamente, la prédica relata el episodio de Jonás y la ballena.

Welles, que aspiró durante mucho tiempo a interpretar a Achab en esta adaptación de Ray Bradbury y John Huston a partir del original de Herman Melville, compuso aquí una de sus apariciones más inolvidables, a pesar de su brevedad, demostrando que su capacidad como actor rayaba a la misma altura de su talento como creador. Un instante que vale la pena revisitar con la voz del genio de Kenosha (Wisconsin) subtitulada esta vez en inglés. Uno de los grandes momentos, sin lugar a dudas, de la historia del cine.

Mis escenas favoritas – La princesa prometida (The princess bride, 1987)

Me llamo Íñigo Montoya. Tú mataste a mi padre. Prepárate a morir.

Frase inolvidable para toda una generación que tiene a La princesa prometida (The princess bride, Rob Reiner, 1987) como uno de sus referentes infantiles o juveniles.

El desenlace de la secuencia no se lo cree ni él, pero, ¿qué más da? ¿Es que acaso no es todo posible en los cuentos?

Mis escenas favoritas – Atraco a las tres

FI006065

Dos de los fenomenales momentos de esta obra maestra absoluta del cine español y notabilísima comedia de cualquier cine, repleta de pasajes memorables, con interpretaciones soberbias de lo mejorcito de nuestra comedia por aquel entonces (que sigue siendo lo mejor de nuestra comedia), dirigida por el aragonés José María Forqué.

Parodia tanto de las cintas negras de atracos, tipo La jungla de asfalto (The asphalt jungle, John Huston, 1950) o Atraco perfecto (The killing, Stanley Kubrick, 1957), como ejemplo vivo de la tradición picaresca española, además de constituirse en un ácido y veladísimo testimonio sociológico de la España de la dictadura, una vez superada la autarquía y ya prisionera del espejismo del desarrollismo (que nos dura hasta hoy, “dctadura sociológica”, “espejismo” y “desarrollismo”, todo a la vez), se trata de una película colosal, una obra mayor, como todas las buenas, brillante, imperecedera y por siempre disfrutable.