Música para una banda sonora vital: Muerte entre las flores (Miller’s Crossing, Joel Coen, 1990)

Excepcional partitura de Carter Burwell, frecuente colaborador de los hermanos Coen, para esta excelente película de gánsteres que adapta más o menos libremente a Dashiell Hammett, y en la que la corrupción política, la traición, la violencia y la guerra de bandas son el inevitable aderezo de la crisis económica de 1929.

Música para una banda sonora vital: Asalto a la comisaría del distrito 13 (Assault on Precinct 13, John Carpenter, 1976)

John Carpenter se lo guisa y se lo come en este pequeño gran clásico de su filmografía, de inspiración netamente hawksiana -en concreto, Río Bravo, 1959-, lo cual incluye la composición de la música que acompaña la historia de un novato policía de Los Angeles destinado en una comisaría que está siendo desmantelada ante la apertura de una nueva en otro edificio. Es decir, que todo se reduce a una simple y engorrosa operación de logística… hasta la inesperada llegada de un furgón que custodia a un famoso criminal que ha de pasar la noche en la comisaría. Esta es la premisa de uno de los más aclamados thrillers de acción de serie B. Este es el recordado tema principal.

Música para una banda sonora vital: Enrique V (The Chronicle History of King Henry the Fifth with His Battell Fought at Agincourt in France (Henry V), Laurence Olivier, 1944)

Dentro del extenso y excelso capítulo de la música de cine, William Walton no cuenta, a priori, con un lugar destacado. Sin embargo, su partitura para la versión cinematográfica de Enrique V de William Shakespeare dirigida y protagonizada por Laurence Olivier en 1944 está considerada como una de las cumbres del arte musical aplicado al cine. Su música acompaña perfectamente las evoluciones de un drama que lleva al joven rey inglés de su coronación en Londres a los campos de batalla de Francia y a la victoria de Azincourt, en el marco de la Guerra de los Cien Años.

Música para una banda sonora vital: Z (Costa-Gavras, 1969)

Potente e impetuosa partitura de Mikis Theodorakis para esta obra mayor del cine político dirigida por el grecofrancés Konstantinos Gavras, “Costa-Gavras”, que adapta una novela de Vasilis Vasilicós con guion del español Jorge Semprún. Un país indeterminado del entorno mediterráneo sirve de trasunto para exponer el clima de corrupción democrática, terror y violencia que en Grecia dio paso al “golpe de los coroneles” y a la dictadura. Terrorismo de estado para la eliminación de rivales políticos y una investigación policial y periodística conforman un clásico imperecedero que puede leerse como un estupendo thriller o como un contundente alegato político, en ambos casos impulsado al ritmo inapelable de la extraordinaria partitura de Theodorakis.

Música para una banda sonora vital: Días del cielo (Days of Heaven, Terrence Malick, 1978)

Gran parte del crédito obtenido (la inmensa mayor parte, a decir verdad) por Terrence Malick como director se debe a esta película, y en particular a la labor de Néstor Almendros (del que daremos abundante cuenta aquí en breve) en la dirección de fotografía y a la partitura compuesta por Ennio Morricone. Es en la música y en la fotografía (premiada con un Oscar) donde reside la inconmensurable hermosura formal y la abrumadora carga de emotividad de la cautivadora historia de tres jóvenes que, huyendo de la miseria del Chicago de 1916, se hacen pasar por hermanos para emplearse como braceros en un rancho, y del drama sentimental que estalla cuando el patrón se enamora de Abby, la chica del grupo.

Música para una banda sonora vital: Verano del 85 (Eté 85, François Ozon, 2020)

In Between Days, clásico de The Cure, abre y cierra esta irregular cinta del habitualmente solvente François Ozon, que navega (nunca mejor dicho) entre el drama adolescente sobre el primer amor, la película de iniciación y descubrimiento del mundo, y el thriller falsamente ligero. Algo descompensada, quizá, por querer abarcar demasiado y pretender unir tonos y temas tan diversos en un metraje tan breve, flojea principalmente en su vertiente de relato de intriga policial, realmente poco trabajado, más un pretexto narrativo poco sólido que una verdadera pata del drama.

Música para una banda sonora vital: Fuego en el cuerpo (Body Heat, Lawrence Kasdan, 1981)

La partitura de John Barry capta toda la esencia del cine negro clásico en esta excelente y tórrida recuperación del género noir que convirtió a Kathleen Turner en toda una sex symbol de los años ochenta.

Música para una banda sonora vital: ¿Qué ocurrió entre mi padre y tu madre? (Avanti!, Billy Wilder, 1972)

Partitura de Carlo Rustichelli, casi un acopio de tópicos musicales populares italianos, para esta gran comedia de Billy Wilder, coescrita junto a I. A. L. Diamond a partir de una obra teatral de Samuel Taylor, que recupera en plenos años setenta el ritmo, la frescura, la agudeza y el toque de su mentor Ernst Lubitsch y que, algo fuera de moda para su tiempo pero absolutamente intemporal, constituye uno de sus títulos más injustamente infravalorados.

Música para una banda sonora vital: El sueño de Casandra (Cassandra’s Dream, Woody Allen, 2007)

Junto a la fotografía de Vilmos Zsigmond, es la música compuesta por Philip Glass uno de los aspectos más interesantes de esta obra sobre la anatomía de la culpa, otra de las películas “británicas” de Woody Allen calificada por la mayoría de los críticos como “menor” o directamente “mala” (lo cual podría entenderse si esos mismos críticos luego no aplaudieran las bobadas y mediocridades que aplauden).

Música para una banda sonora vital: la partitura de Alex North rechazada para 2001: una odisea del espacio (2001: A Space Odyssey, Stanley Kubrick, 1968)

El buen entendimiento entre Stanley Kubrick y Alex North durante la producción de Espartaco (Spartacus, 1960) invitaba al optimismo cuando el cineasta requirió la colaboración del músico para el acompañamiento sonoro de su epopeya filosófico-espacial. No obstante, pocas fechas antes del estreno, Kubrick rechazó las composiciones de North y decidió estrenar la película montando las piezas clásicas que había utilizado para medir el tiempo de la acción durante el diseño de las escenas, composiciones de Richard Strauss, Johann Strauss, György Ligeti y Aram Khachaturyan. Años después se editó y publicó la música compuesta por North, que se reproduce a continuación. Una música que no desmerece las imágenes ideadas por la mente de Kubrick pero que, seguro, hubiera hecho de la película algo distinto a lo que es hoy.