La tienda de los horrores – Slumdog millionaire

Rollos de celuloide convertidos en papel de regalo, con sus colorines, estrellitas, corazoncitos y odiosos ositos que tocan la flauta o el tambor; el papel perfectamente ensamblado cubriendo una prometedora caja rectangular adornada con un hermoso lacito y una tarjetita de buenos deseos. Durante el tiempo que el obsequiado tarda en abrir el paquete, toda la gente alrededor no cesa de decir lo mucho que te va a gustar, que en otras ocasiones han hecho el mismo regalo a otras personas y el reconocimiento de su sensibilidad y su delicada belleza ha sido la respuesta unánime. No sólo eso, sino que en todos los grandes almacenes se ha convertido en regalo estrella, y además han empezado a surgir sucedáneos por todas partes que intentan aprovechar su fama e imitar su estilo, aunque sea para pescar algún residuo de su reconocimiento popular. El revuelo ha sido tanto, que los fabricantes de todo el mundo lo han premiado como el regalo del año, qué decimos del año, de la década, del siglo. Total, que uno abre el regalo todo emocionado, deshace el lazo con cuidado para no estropearlo, retira el papel con mimo para no rajarlo, descubre la caja maravillosa contenedora de tantas y tan prodigiosas maravillas, la abre consumido por la emoción y… ¡¡¡está vacía!!!

Valga esta imagen para explicar lo que es Slumdog millionaire, el bodrio triunfador de los Globos de Oro, los Oscars, los BAFTA y media docena de premios más durante 2008 codirigido por los mediocres Danny Boyle y Loveleen Tandan. Lamentablemente, el tan desnaturalizado cine de hoy, diluido en las influencias del videoclip, la publicidad y la falta de educación audiovisual de un espectador programado para la degustación de pirotecnias formales sin profundidad de contenidos, está sembrado de ejemplos. Lo mismo que el cine de terror ha quedado reducido a una pobre colección de sustos de sonido y músicas estridentes y la ciencia ficción no es más que cine de acción revestido de chapa futurista, maquinitas, pantallitas y botoncitos, igual que la comedia, Woody Allen aparte, no es más que la explosión de testosterona de unos treintañeros que interpretan a veinteañeros que se comportan como quinceañeros o bien un catálogo de pretensiones pseudointelectualoides marca Wes Anderson o de mamarrachadas tipo Ben Stiller o Adam Sandler, el drama poco a poco ha asumido los tintes del cuento de hadas, del culebrón de tercera clase (si es que esta expresión no es una redundancia), y posibilita subproductos como el presente, coproducción anglonorteamericana ensalzada hasta la extenuación en un nuevo intento, exitoso en buena parte, de vender un enorme vacío, de colocarnos, no gato por liebre, sino nada por gato.

Jamal (Dev Patel) es un joven de Bombay que ha vivido toda la vida en la indigencia y en la miseria más extremas y que, por un motivo desconocido, se encuentra concursando en la versión india del concurso televisivo ¿Quién quiere ser millonario?, ése en el que acertando preguntas se van acumulando cantidades de dinero hasta que con la última uno llega al éxtasis monetario. Como todo concurso-trampa, está diseñado para que nadie gane excepto cuando esto resulta aconsejable sobre la base de los resultados de audiencia (como ocurre a menudo en la televisión española, sin ir más lejos), y a todos sorprende que Jamal, un muchacho sin educación ni preparación de ninguna clase, vaya acertando una tras otra preguntas cuyo grado de dificultad de incrementa exponencialmente con cada fase del concurso. Obviamente, creen que existe alguna clase de trampa, y el presentador, el Sobera indio, que maneja el cotarro, de acuerdo con la policía secuestra al chico durante un parón del concurso para que sea interrogado en comisaría y confiese el engaño. Pero el joven tiene una explicación muy razonable y rocambolesca acerca de los motivos por los cuales sabe la respuesta a todas las preguntas hechas hasta el momento, con lo que, por un lado, la sorpresa es mayúscula y por otro la inquina del presentador hace que intente por todos los medios que Jamal no gane, aunque disimule simpáticamente ante la audiencia (vamos, como en la televisión española).

La película es un deliberado ejercicio de despiste, de desorientación, de camuflaje, de engaño, de estafa, mucho mayor del que la policía pretende achacarle a Jamal pero en la misma línea, a fin de, sobre todo, hacer millonarios a quienes explotando mercadotécnicamente esta historia vacía han hecho el caldo gordo gracias a ella. El último mensaje de la película resulta de lo más inspirador y edificante, la lucha por la superación y la búsqueda del amor, todo en uno, snif, snif…, todo ello en aras de vender una historia gratificante que consiga, no remover, sino contentar conciencias bajo una engañosa y constante orgía de ruidos, músicas, colores, bullicio y bailongos ejercicios estilo Bollywood (el peor estilo de cine indio, exprimido hasta la saciedad en los medios occidentales desconocedores de la riqueza del auténtico cine de aquel país, ese que no produce folletines musicaloides de tres horas y media). Pero, si uno se cansa de tanta ofrenda a la molicie, piensa un poquito y empieza a escarbar, descubre el horror y la vulgar chapucería de un filme ramplón y asquerosamente edificado en la mentira.

En primer lugar, la película es un ejercicio de manipulación como pocos. La historia está fundamentada en coincidencias y azares imposibles, no sólo en cuanto a cantidad sino también en cuanto a calidad; los personajes, más allá del protagonista, están tan pésimamente dibujados que además de contradictorios se niegan constantemente a ellos mismos, careciendo de lógica alguna sus comportamientos, evoluciones y finalidades. La falta de construcción de personajes deviene en su nula credibilidad y en la adquisición por parte de la película de un tono de fábula de buenos y malos completamente alejada de la historia que se supone que quiere contar. Boyle y Tandan optan además por explotar todos y cada uno de los caminos equivocados, abandonando las verdaderas historias, todas ellas dramáticas y de una crudeza casi salvaje, que la película deja apuntadas (la corrupción política y policial, el tráfico de niños, el tráfico de órganos, la miseria institucionalizada, las bolsas de pobreza, la caleidoscópica realidad india) y escogiendo como vehículo conductor una falsa historia de superación (nada más horrendo que unir ésta al enriquecimiento masivo basado no en el mérito sino en el azar y la trampa) que acompañe a una convencional y tópica historia de amores imposibles más propia de series venezolanas o folletines novelescos decimonónicos que del siglo XXI. El tandem de directores, que sabe, porque lo hace conscientemente, que su película es un tributo al humo, además de andar muy escaso de pericia técnica y de precisión narrativa (la película resulta deslavazada y llena de cabos sueltos), pretende camuflar sus problemas de definición con el recurso al follón, a las composiciones innecesariamente abigarradas y a los lugares comunes más exacerbados asociados a la marginalidad de las sociedades capitalistas (delincuencia, ruindad moral, ausencia de valores), pero, sobre todo, y ahí radica el mayor de los pecados, en la continua y explícita apelación a los sentimientos del público, a la búsqueda constante del aplauso gratuito y facilón, al buenrollismo basado en la eliminación del argumento de todas aquellas partes que “molestan”, en la línea de los regidores televisivos que dirigen los aplausos del público haya o no razones para ello, y con la vista puesta en un falso ánimo de reconfortar al espectador, de hacerle concluir la película con una sensación agradable y un buen sabor de boca sustentados en una perversión.

Por supuesto, la película no carece de virtudes, pero todas ellas, sin excepción, son meramente formales, fuegos de artificio, tributos al ritmo que no aportan nada a una historia plana repleta de decisiones equivocadas y de tributos al sentimentalismo. La necesaria denuncia se convierte en coartada para una muestra de pornografía sentimental cuya eclosión es la absurda coreografía final en el andén, el drama humano que presenciamos es el peaje para que la última catarsis de felicidad obre su efecto en el público menos -o nada- exigente, el menos consciente de asistir a una película tramposa, cobarde y ruin. Todo el crudo dramatismo (los niños cegados, por ejemplo, las torturas policiales, etc.) es abandonado en aras del sentimentalismo marca Disney más lamentable; el argumento es, en última instancia, cómplice, defensor, justificador del crimen: el que calla, el que mira para otro lado, otorga. No sólo omite Boyle la verdadera historia de la película, el dolor y el sufrimiento de los excluidos, sino que con su conclusión y su apuesta por el edulcorante, frivoliza, trivializa, cubre con una alfombra de pitos y flautas una realidad hiriente. Lo dicho: un cobarde, ruin y miserable que escuda en la emotividad sus carencias como cineasta e intelectual.

Un ejercicio de vitalismo construido sobre el torpe engaño de que la muerte siempre queda fuera de cámara. Una película vergonzosa, lamentable. Un verdadero horror. Donde Los olvidados es una obra maestra, Slumdog millionaire es una estafa envuelta en colorines, la quintaesencia del oropel autocomplaciente de una conciencia occidental que no mira para no ver.

Acusados: todos
Atenuantes: la música, excepcional, el color, magnífico
Agravantes: la cobardía, la trampa, la mentira: al engaño y a la autoindulgencia a través de la compasión
Sentencia: culpables
Condena: Freida Pinto eximida por guapa; el resto, condenados a vivir la India que no han querido ver, la que verían con un solo ojo en caso de ser personajes olvidados de su propia película

27 comentarios sobre “La tienda de los horrores – Slumdog millionaire

  1. Alfredo, estoy contigo más que nunca… Primero decirte que el primer párrafo me parece una genial definición de lo que andamos sufriendo con el cine… engaños, estafas (unas detrás de otras). Cuando uno ha llegado allí y ha estado con esos niños, con esa vida a la que le han amputado la posibilidad de ser digna, con esa infancia a la que le han amputado sus manos a cambio de el puñado de monedas que pueda sacar golpeando ventanillas de los coches con los muñones bien visibles entre un tráfico, que ni siquiera se percata de que están allí… Tienes toda la razón, “cobardes”, eso es lo que son… Utilizar la historia de estos niños como hilo conductor para un final y un show como ese me parece de lo más condenable… Conocí la realidad de la mano de una niña de cinco años que no podía verme, pero qué más da, el fin era que a mí me diera lástima desde ahí donde la sentaban todos los días para arañar unas monedas… Existe, y también existen las madres que se medican durante todo el embarazo para que los niños nazcan con malformaciones y así poder utilizarlos con un fin… Y también existen personas que no lo hacen, buenas personas hay en todas partes. Desde aquí, contigo, quiero hacer llegar mi CABREO con todos aquellos que tapan esta realidad, la de unos niños que mientras todos estos “triunfadores” recogían una tras otra sus estatuillas, seguían siendo víctimas de una historia disfrazada de amor y sueños, los que ellos no conocen… Y utilizados una vez más desde el cine con fines lucrativos… Vaya mierda!!!
    ESTE POST ME PARECE LO MÁS SENSATO Y SINCERO QUE HE LEIDO SOBRE ESTE HORROR.
    Besos

  2. Es que las películas premiadas suelen ser las peores y desgraciadamente es un hecho que se ha convertido en costumbre. El comienzo de tu texto me ha gustado mucho, es como un microrrelato. Muy buena tu reflexión sobre la comedia actual: “treintañeros que hacen de veinteañeros y se comportan como quinceañeros”. Espero que Sobera no lea to blog, Alfredo jejeje. Un abrazo.

  3. tardé en verla y finalmente lo hice un fin de semana en el campo y con amigos…creo que se trata del lanzamiento global de los nuevos programas show-reality-concurso de tevé, hecho como un producto y premiado como tal…se juegan el aletargamiento mayor del público, así que se han esforzado bastante en lo visual y auditivo…una joya para la amnesia

  4. Gracias, Ana. A mí me produjo sincera indignación una vez que me di cuenta de que bajo el envoltorio no había nada.
    Besos.

    Bueno, no siempre, Marcos. Pero lamentablemente ocurre lo suficientemente a menudo (ahí está “Crash”) como para que esa afirmación tuya no sea tan inexacta.
    No creo que Sobera lea mucho. Mi blog, digo.
    Un abrazo

    Amigo Dante, efectivamente, buena parte del cine de hoy es producto de la tele de hoy y del público de hoy que ésta ha fabricado. Ojalá pudiera olvidarla, pero la indignación me lo impide.

  5. Supongo que si la hubiera visto sin saber que era la “mejor” película del año (la vi antes de que ganara los óscars, pero ya había ganado el globo de oro) no me hubiera indignado. Es entretenida, se deja ver, pero de ahí a premiarla… No lo entiendo, la verdad.

  6. Querido Alfredo con tu reseña y todo tu acertado planteamiento, mi visionado de la película y el tiempo que pasé pensándola me salen varias reflexiones. A comparación de otras películas metidas en La Tienda de los Horrores no sé si ésta yo también la metería en esta sección (en el caso de que la tuviera) porque ya sólo lo que hace pensar, los coloquios, debates y críticas que provoca, creo que merece la pena.

    Reconozco que no me deslumbró ni me pareció tan enorme, analizándola sólo como película, para todo lo que recibió posteriormente. Reconozco que me entretuvo. Reconozco que posteriormente la analicé y pensé.

    Reconozco que pueda repugnar todo el marketing posterior alrededor de la película pero no me resultó repulsiva la película en sí. Reconozco que seguí las consecuencias de esta película para algunos de sus protagonistas, algo de lo que se ha hablado menos.

    Reconozco que pregunté a gente que han vivido en La India y me dijeron que había aspectos que reflejaba Slumdog millonaire que no eran desacertados ni se alejaban de cierta realidad.

    Y esas mismas personas que llevan años allá en La India y cerca de determinadas realidades me comentaron que si algo define La India son las contradicciones continuas y que es algo que se refleja bien en esta película. Reconozco que no he hablado con ningún hindú sobre ella.

    Reconozco que la analicé con ojos que tenían en cuenta que era un director británico, la mirada del otro (de la que siempre se tienen reservas porque no deja de ser otra mirada, una mirada exterior), que se mete a realizar película sobre otro país y realidad (un país en el que nunca he estado). Que ese mismo director emplea ingredientes y trata de simular el lenguaje de una industria millonaria en La India, Bollywood, de la cual conozco poco aparte de cosas que he leído. Algunas estrellas de Bollywood y otros miembros de esta industria se sintieron ofendidos con Slumdog millonaire, y estrellas de esa industria (el actor que hace de presentador del concurso) participaron activamente en esta producción. Bollywood en sus películas musicales y coreografías o se va por un mundo de cuento y fantasía o se decanta por el melodrama más exagerado y extremo y siempre con el amor por protagonista (¿les suena de algo?). Bollywood, en un extremo u otro, evade la realidad. Y no descarto la posibilidad de alguna vez estar en sala de cine hindú en proyección de película de Bollywood.

    Reconozco que la estructura de la película no me desagradó ni su ritmo. Y me sumergí en esa historia que mete elementos de cuento de hadas con realismo crudo.

    Reconozco que me enamoré de los tres niños protagonistas, sobre todo de Salim (el hermano no enamorado, el que se convierte en niño y joven de la calle…, el que no pinta nada en producción Bollywood). Y reconozco que me hizo plantearme muchas cosas y reflexionar sobre lo que supuso para estos niños convertirse en actores para esta película y plantearme si se tuvo realmente cuidado en lo que podía suponer para ellos y si se planteó su participación y se pensó en el después, en el futuro. Algunas noticias confirmaron que no se pensó mucho en el después de estos niños. Y es que estos niños eran niños con problemas reales, de carne y hueso, sin posibilidades de cuentos de hadas en su realidad cruda.

    Reconozco que lo que más me gustó fue la relación de los dos hermanos y las dos maneras de enfrentarse a la vida. Y que cuando vi la película me quedé del lado de Salim, el tercer mosquetero que sale de escena de manera cruda y no tiene ningún momento para disfrutar de lo mágico o de lo que es un cuento o de una coreografía de Bollywood. Ese Salim crudo y tristemente el más real de los tres. El niño de ojos grandes que busca a dentelladas la supervivencia aunque para ello emplee la violencia. Salim no tiene una vida de cuento… pero cuando se da cuenta de que quizá su hermano y la amada puedan tenerla… les facilita las cosas, aunque se equivoque mil veces en el camino. Aunque sea el único que recibe los golpes y la vida le rompe.

    Y todas estas reflexiones están sin desarrollar en absoluto y otras muchas que me surgen…, no sé sigo dudando si metería a Slumdog millonaire en esta sección.

    Perdona el rollo.

    Besos
    Hildy

  7. Hay premios que son crímenes, de verdad, Roberto.

    Te agradezco el esfuerzo, Hildy, pero no cuela: no sólo es merecedora de esta sección, sino que ocupa un puesto de honor en ella. Personalmente, los debates, opiniones y demás que la película pueden suscitar terminan en el texto expuesto; bajo ese punto de vista, creo que no da para mucho. Además, sus virtudes cinematográficas, las poquitas que tiene, me parecen bastante rutinarias, del montón, nada sobresalientes. El mundillo montado posteriormente alrededor del film me ha interesado únicamente en la misma medida que en cualquier otro film: de casi nada a nada en absoluto y, desde luego, no le quita nada a la película, pero por supuesto tampoco le aporta nada.
    En cuanto al aspecto de las contradicciones indias, ésa es precisamente la cuestión, por qué la vida de la mayor parte de la población de mil trescientos millones de personas queda fuera de campo y el director apuesta por una fábula con ojos occidentales estilo Disney. Quien te haya dicho que la película refleja bien la realidad india no ha visto la misma película o, al menos, no se pregunta por qué “esas otras realidades” meramente enunciadas son abandonadas a las primeras de cambio sin explicación, reflexión o atención alguna más allá de su necesaria aparición como vehículo para un drama sentimental plano lleno de arquetipos esquemáticos y paupérrimos (empezando por el propio Salim).
    Y en cuanto al resto de las cuestiones que mencionas, ni intérpretes, ni personajes, ni guión me parecen destacables, ni mucho menos la labor de Boyle y compañía, plagada de errores. La evocación no salva las imperfecciones formales ni las perfidias de fondo. Al contrario, el abuso de populismo sentimental termina de matar lo que ya era insalvable como concepto inicial.
    Besos.

  8. No sé si me explicaré bien, de ahí que prometo ser escueto, sino telegráfico.

    Llego al mismo destino que tú, pero andando por otro camino menos sublime.

    La peli es una porquería, pero justamente desde lo formal, y no por haber camuflado la realidad para vender un propósito deshonroso, pueril e injusto con el drama real y humano. Yo paso de esos análisis. Creo que ya te he dicho alguna vez que detesto “el mensaje” en el arte, cuando “el mensaje” es lo único importante. Que le zurzan al cine político y propagandístico, joder.

    Pero es que esta peli es pura mierda, precisamente, desde el único punto de vista que parece ser salvado bien en el post, bien en los comentarios de quienes aseguran haberla visto; el formal, el meramente cinematográfico.

    VEamos. La historia está mal contada y es poco creíble; Sólo hay movimientos de cámara innecesarios, arbitrarios, desmedidos en velocidad; Hay sonido y música donde debería reinar el silencio; frivolidad y superficialidad en cada una de las escenas que requerirían un mínimo de hondura; Los personajes son caricaturas mal dibujadas que persiguen, a base de pretendidos despistes y trucos fulleros, un final vacuo y moralino.

    En fin, un BODRIO con mayúsculas.

    Pd.- Te he mentido con lo de ser breve, ya lo sé.

  9. Bueno, hombre, no creo haber salvado especialmente la forma… Pero que conste que no estoy de acuerdo en tu valoración del cine político (sí del propagandístico); más bien lo encajo en esa misma salvedad que haces en cuanto al arte: es decir, que la cosa depende de si lo único que hay es mensaje o no. En este caso, el mensaje es detestable, y la forma no salva el conjunto. De ahí que termine aquí insertada.
    Y sí, como bien dices (y digo yo en el texto), lo que hay es un abuso de fanfarria visual y auditiva bajo la que no hay nada.

  10. Reconozco que para mi crítica me aferré demasiado a esa frase que encabeza tu penúltimo párrafo. Y es que yo, por mucho que las busque, no le encuentro ninguna virtud formal, más allá de aquellos elementos de obligado cumplimiento y que a toda película actual -para eso están los técnicos, se le supone (como el valor en la mili).
    Un abrazo, amigo.

    Pd.- Y gracias por el mail que acabo de recibir.

    1. Creo que tienes razón, Raúl, y que hoy en día a una película de cierta enjundia -pretenciosa enjundia en este caso- no cabe siquiera puntualizarla por la supuesta calidad de su color, de su sonido, etc. Como dice Woody Allen, la técnica la aprendes, o bien contratas a un buen profesional, y ya está: la cosa reside en qué contar y cómo contarlo. Y ahí el amigo Boyle patinó, en ambos aspectos, aunque a ti te importe más el segundo.
      Abrazos.
      Gracias a vos, siempre.

  11. ¡¡¡Después del rollo y empanada mental que te he metido y no cuela!!! ¡¡¡Vaya, vaya, vaya, incluso te reafirmas en darla un puesto de honor!!! Soy buena perdedora cuando el contrincante es bueno e inteligente. El único matiz a la respuesta que me ha dejado noqueada (je, je, je sólo tengo el ojo un poco moradillo) es respecto a lo de las personas con las que hablé: no me decían que Slumdog Millonaire fuera el genial reflejo de la realidad india, sino que algunos aspectos que se reflejaban no eran del todo desacertados (contradicciones, ciertas situaciones que viven los niños…).
    Besos y un honor seguir dialogando y conversando. Me encanta
    ¡Qué pena lo de Hopper!
    Hildy

  12. Nada, nada, Hildy, que estamos inflexibles… Hombre, claro, la película por fuerza tiene que reflejar alguna “India verosímil”, si no sería todavía peor. Pero convendrás conmigo en que no hay ninguna razón, excepto el tributo a la concesión, para que Boyle y compañía dejen el caos fuera de campo y se queden en el lagrimeo. Y fíjate tú, que tal como son de susceptibles las instituciones de aquel país, quizá la concesión de permisos y de facilidades administrativas haya ido de la mano de un guión deliberadamente blando. No me parece descartable.
    Pues sí, una pena lo de Hopper. Pero tenemos la oportunidad de dialogar y conversar sobre él, que es de lo que se trata.
    Besos.

    Gracias, Carmen, pero mejor si la ves tú y así te haces una idea por ti misma.
    Saludos.

  13. Bueno, Larraz, el gusto es cosa aparte. Te puede gustar algo por o a pesar de… Y no pasa nada. Hay demasiada gente que confunde el gusto propio con la calidad. Personalmente nos interesa lo segundo, lo cual no necesariamente va ligado a los gustos personales, ni a favor ni en contra.

  14. Lo sé, lo sé. Es cierto que me gustó, es decir, que me divertí mucho viéndola. Pero no confundo el gusto con la calidad, aunque me gustan muchas cosas de calidad dudosa. Ves, en fotografía eso no me pasa, la gente dice, qué buenas fotos hace fulano…, y yo me sacaría los ojos.

  15. Bueno, hablaba en general, no me refería a que precisamente tú compartieras el mundo de confusión deliberada que fomenta la publicidad, generalmente de Hollywood, para que aceptemos ciertas cosas.
    Con el cine, libros (no sé si con la fotografía), etc., a todos nos gustan cosas mediocres, si no directamente malas, y nos aburren o molestan grandilocuencias o solemnidades “magistrales”.

  16. Yo no la enviaría a la tienda de los horrores, sino a la sala de montaje, a recortarla mucho. Y a ponerle más musiquita bailona, que alegra mucho la vida.

  17. Cuando he leído el primer párrafo he creído en las coincidencias, porque más o menos eso me pasó cuando me regalaron el dvd de esta película que todavía no he visto, con la diferencia que, claro, dentro del envoltorio estaba el dvd y dentro del dvd, como tú apuntas, seguramente no hay nada.

    No quise verla en el cine porque me pareció excesiva la mercadotecnia y preferí ahorrarme un disgusto y eternas discusiones acerca de lo muy quisquilloso que me pongo con el cine y jamás se me ocurrió que acabaría recibiéndola como regalo: eso sí: me vengo resistiéndome a verla y tu reseña ha venido a significar un empujón en favor de mi intuición.

    Además, cuando a una película de corte claramente comercial se le adorna con atributos de cine-mensaje y encima se publican en la prensa noticias que atañen a repercusiones personales de los intervinientes, sean escandalosas o de cualquier tipo, el tufo a trampa se incrementa considerablemente.

    Por no hablar, claro, del repelús que siento por las decisiones de la academia en los últimos años: eso no suele fallar…

    En cualquier caso, gracias a tí, la duda ha quedado perfectamente despejada y ya dispongo de un par de horitas para cualquier otra cosa más interesante… 😉

    Saludos.

  18. Creo sinceramente que con estos comentarios negativos a esta soberbia obra maestra del cine moderno, ya veo por donde van los gustos cinefilos de esta pagina.

  19. Vscelyk, creo sinceramente que con un comentario que no es capaz de rebatir con argumentos ninguno de los defectos palmarios que el artículo señala, y calificando a una película mediocre y vulgar con unos adjetivos que solo las más grandes y sublimes obras maestras merecen, quedan claras las estrecheces de tu criterio y las tragaderas de tus gustos cinematográficos.
    Siento que no ocincidamos, sobre todo por ti.

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