Diálogos de celuloide: El mismo amor, la misma lluvia (Juan José Campanella, 1999)

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Yo, Jorge Pellegrini, conmovido por la pasión que me domina, he decidido comenzar un diario íntimo al estilo de mis ilustres predecesoras: Anna Frank, Mafalda y la pequeña Lulú.
Comencemos:
Octubre 14, 1980.
“Hoy no me llamó”.
Octubre 20.
“Hoy tampoco”.
Octubre 25.
“10 días que no me llama” .
Noviembre 2.
“Hace un mes comencé este diario para aclarar mis sentimientos por Laura. Al no dignarse a llamarme en todo este tiempo tengo en claro que Laura, mis sentimientos y este diario se pueden ir a la reputísima madre que los reparió”.

(guión de Fernando Castets y Juan José Campanella)

 

 

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8 comentarios sobre “Diálogos de celuloide: El mismo amor, la misma lluvia (Juan José Campanella, 1999)

  1. Jajaja… En mis años de adolescencia (odiosa palabra) me compré un cuaderno de diario (nada de Moleskine que por aquel entonces no existían, por suerte). Escribí en la primera página lo que hacía y sentía. Cuando llegó el segundo día me quedé mirando la página en blanco. Arranqué la primera página escrita y me fui a hacer muchas copias. Cada día ponía la fecha en la misma página y las colocaba ya en un carpesano. Todo era lo mismo. Todo era igual. Tardé en comprender que en un diario hay que poner mentiras, muchas mentiras, es decir, lo que no te pasa, lo que quisieras que te pasara. Venga, volvamos a empezar. El carpesano fue a parar a la basura. Me di cuenta que escribía relatos muy a lo Woody Allen. Dejé el boli y pasé a la máquina de escribir. Joder, cuando leía lo escrito me daba cuenta lo lejos que estaba de mi vida real. La chica que me daba calabazas se convirtió en una apasionada amante. Mis padres que nunca salían de casa salieron de viaje y no volvieron nunca más. La provincia gris donde vivía se convirtió en Manhattan. Las sardanas que sonaban en el piso de al lado de convirtió en jazz… Ahora voy a un psiquiatra y le cuento lo que nunca escribí sobre mi vida. El tipo me dice que si escribiera todo eso podría ser un superventas del copón. ¡Qué lío!

    Abrazos mil

    1. Querido Paco, no esperaba menos que una jugosa anécdota tuya real como la vida misma con un diario por medio. En fin, podría haber sido peor, tener que escribir en el bloc de notas del móvil. O peor todavía, usar una grabadora de esas con una cinta de cassette pequeña, como hace que hace Wyoming… Imagínate escuchar tu propia voz, metálica y dudosa, contándote mentiras de ti mismo que ya no recuerdas haber grabado, y pensando si no será la verdad y tú estás en la ficción. En fin, creo que no nos ganaremos la vida con los superventas.

      Abrazos

  2. … Ay, los diarios. ¿Quién no ha caído alguna vez en la tentación?
    ¡Y lo bien que te quedas soltando una palabrota! Las palabrotas relajan, quitan tensiones, e incluso puedes terminar soltando carcajadas. Jajajaja, suelo escribir sin palabrotas (solo en contadas ocasiones), pero cuando hablo suelto más de una, de dos y de tres.

    Beso
    Hildy

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