Mis escenas favoritas: Anatomía de un asesinato (Anatomy of a Murder, Otto Preminger, 1959)

Además de ser una excelente película y uno de los más grandes clásicos del cine de juicios, esta obra maestra de Otto Preminger resulta decisiva en la historia de Hollywood por esta secuencia que incluye la denominación directa, sin censuras ni alusiones veladas, de una palabra hasta entonces vetada en las películas. El cine daba un paso más, hoy aparentemente simple e ingenuo pero entonces crucial y casi escandaloso, en su camino hacia la emancipación del Código de Producción.

9 comentarios sobre “Mis escenas favoritas: Anatomía de un asesinato (Anatomy of a Murder, Otto Preminger, 1959)

  1. Hace mucho, demasiado tiempo, que no veo este film y ahora, con tu reseña, me has animado a volver sobre él. Igual me hago un ciclo completo de Preminguer esta temporada pues hace escasos días que he vuelto a ver Angel face y me sigue hipnotizando, con esa Simons perturbadora, esa música de piano que parece un lamento ante la desgarrada soledad a la que se ve abocada.
    No recordaba la manera tan elegante que tiene el cineasta de rodar, con esos planos secuencia y la profundidad de campo, sugiriendo la presencia del mal. Lo que sí recordaba es al personaje estrella, para mí, del film que tan bien encarna Mona Freeman que, con su buen hacer y la inteligencia que desprende, vaya diez pasos por delante de los demás y robe la película a la pareja protagonista.
    Además de eso, son ellas, las mujeres, las que toman las decisiones, las emprendedoras y autosuficientes (Simmons por su personalidad obsesiva pero su madrastra es el prototipo de mujer que no se arredra ante nada). Ellos, aquí, son meros satélites a la sombra de ellas (hasta Mitchum queda un tanto deslucido, a mi parecer, ante la sirena que lo llevará a la perdición).
    Hoy, que tanto se atiborra y nutre el cine de efectos especiales, se hace necesario revisitar películas como ésta, en la que todo el argumento transcurre con una modélica y parsimoniosa respiración latente y contenida, estallando con toda su crudeza en las extraordinarias escenas de los coches despeñándose por la colina. Sencillamente colosal.

    Besos.

  2. Un último apunte, totalmente innecesario pero que para mí es algo que siempre me pasa cada vez que veo a Herbert Marshall. ¿Aguien más advierte, en sus rasgos faciales, un cierto parecido con el gran Jack Lemmon?

    1. Bueno, hay todo un segmento del “noir” que responde a esta caracterización de la mujer como encarnación de la fatalidad, de ese destino irracional, no sometido a lógicas ni a pensamientos, sino al puro instinto, a la fuerza irrefrenable de la naturaleza que tira del personaje (de los personajes, en realidad) hacia su conclusión inevitable. Ocupa la posición central de algunos de los personajes de las tragedias griegas, uno de los elementos que nutren, aun lejanamente, el género.

      Hay que pensar, igualmente, en la brevedad de muchos de los metrajes de esas películas (Laura, Ángel o demonio, etc.), en la capacidad de concisión y en la riqueza de un lenguaje, como es propio del audiovisual, cuenta más con menos, que sugiere, que irradia, que cuenta, fuera del encuadre, tanto o más que dentro de él.

      Lo de Marshall… En algunas fotografías, en ciertas caracterizaciones… Tal vez. Así, en frío, se lo veo menos.

      ¡Besos!

  3. Una excelente película por todo lo que apuntas. Su banda sonora es soberbia compuesta por el gran Duke Ellington. Además, tiene un papel en la película; malo, pero lo tiene. Ya sabemos cómo fueron tratados los maestros del jazz en el cine. Aquí lo vemos vestido de una manera ridícula dentro de una especie de cabaña. Otto Preminger es moderno, ya sea por la puesta en escena como el tratamiento de sus historias. Incluso los títulos de créditos son fenomenales. Ahí tenemos “El hombre del brazo de oro”. Hay una cosa que me gustaba mucho en el cine clásico y era que los personajes salían de su trabajo y nos los mostraban en el lado más humano, más rutinario. Por ejemplo, magnífica escena donde vemos a Jimmy Stewart zampándose en mitad de la calle un huevo duro. Ahora, el cine a los personajes los mete en vereda; van directamente al asunto todo el rato. No sabemos nada de ellos solo que son buenos en lo que hacen y punto. Ay, recuerdo la maravillosa “El general de la Rovere” de Rossellini, donde vemos a un magnífico Vittorio De Sica que le encanta el azúcar. Cada vez que tiene ocasión de apropiarse de un sobrecito lo vemos deleitarse. Bueno, cosas así que hoy ya nadie percibe.

    El gran Preminger y sus obras maestras de una concepción sumamente original (sin precedentes e inigualada) del relato cinematográfico ya perfectamente madurada, de un rigor expositivo solo comparable a su afán de claridad, las películas de Preminger avanzan imparables como un tren en marcha desde el momento mismo de su arranque hasta el de su clausura, habitualmente disgregadora o disolvente – recuerda los finales de “Anatomía de un asesinato” o “Tempestad sobre Washington” -, tendencia que alcanza su culminación en el sorprendente y brutal cierre de “Angel Face”.

    ¡Qué grande fue el cine, joder!

    Abrazos mil

    1. No sé quién fue el que dijo que el cine estaba en los detalles, pero es verdad. Esas pequeñas acciones intrascendentes son las que sostienen todo el andamio de la credibilidad. Eso ya no existe porque exigiría mirar una película en lugar de verla, que es a lo único que se aspira ahora. Mirar, leer, entender, otorgar una cualidad, un significado. Abundan los personajes deshumanizados o con una humanidad impostada o “descrita” precisamente porque son de cartón, y son de cartón porque, más allá de lo que digan y hagan respecto al argumento principal, no son “personas”. Preminger era excelente haciendo esto (hasta en sus películas menos inspiradas, como Ambiciosa, de 1947), y por eso en sus películas, más allá del acabado, los personajes son de verdad.

      Abrazos

  4. Me gusta mucho Anatomía de un asesinato… y, efectivamente, ¡el revuelo que se montó por la palabra “bragas”!, pero ante todo, como dices, es una de las mejores películas de juicios. Preminger tiene una filmografía de lo más interesante. Muchas merecen la pena, la del post; la que recuerda Miriam, Cara de Ángel (qué final, Dios mío, qué final); o las que nombra Francisco, Tempestad sobre Washington o El hombre del brazo de oro. Pasando, claro está, por Laura. A mí me gustan mucho El cardenal y Buenos días, tristeza y me sorprendió un montón (me resulta fascinante) El rapto de Bunny Lake. Entre las que me faltan por ver de Preminger, tengo muchas ganas de La noche deseada. Seguro que ya lo sabéis, pero la revista mensual “Dirigido por” durante los meses de abril y mayo ha sacado un dossier completísimo del cine de Oto Preminger, y merece la pena.

    Beso
    Hildy

    1. Es un peliculón, de esos para los que reservarse un tiempo pausado y un visionado detenido. Llena de detalles magníficos, con unos diálogos y un ritmo exquisitos, y no carente de ironías y de guasa. De El rapto de Bunny Lake me gusta todo menos el desenlace. Otras obras menores, como la que he citado más arriba, Ambiciosa, están hechas con el piloto automático, resultan más impersonales. Pero es un tipo a considerar. Ah, y esas botas de Traidor en el infierno…

      Besos

  5. Esta película la tengo pendiente de ver…..
    …………..
    …………..
    en versión original, jeje.

    Porque verla, la he visto varias veces, siempre con el doblaje -que es bueno, ciertamente- pero con esos elementos a las órdenes del gran Otto y un guión como ése hay que degustarla en directo, sin cambio alguno, y en esas estoy.

    Un abrazo.

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