Música para una banda sonora vital: Qué noche la de aquel día (A Hard Day’s Night, Richard Lester, 1964)

She loves you es una de las muchas canciones de los Beatles que aparecen en esta extraña mezcla de comedia musical y documental dirigida por Richard Lester en pleno ascenso de los cuatro de Liverpool. Aunque algunos aspectos de la película no han envejecido nada bien, la música de los Beatles es imperecedera. Y los gritos histéricos de los fans, también…

6 comentarios sobre “Música para una banda sonora vital: Qué noche la de aquel día (A Hard Day’s Night, Richard Lester, 1964)

  1. Siempre he detestado el videoclip, incluso de mis grupos y cantantes favoritos. De allí salieron imberbes directores que no hicieron nada o, si lo hicieron, si te he visto no me acuerdo. Te cuento. En muchas de las ocasiones las buenas canciones dejan de serlo por la culpa de las horrorosas imágenes que las acompañan. Otras, son canciones malísimas y son acompañadas por imágenes espectaculares, lo cual, todavía las hacen más patéticas. El videoclip machacó en las discotecas ochenteras en aquellas pantallas que ya absorbían la mirada de muchos. Menos mal que yo seguía mirando los generosos escotes de las nenas tontas, pero que estaban muy buenas. Hay vídeos que han hechizados a bellas canciones. Con esas canciones se enamoraron parejas y engendraron a los smartzombis contemporáneos. Antiguamente las bellas canciones generaban bellos recuerdos, falsos, pero bellos. Fueron la banda sonora de toda una época o de momentos personalísimos de cada una de ellas que amaban desde la clandestinidad. Como no existía el videoclip se lo montaban en sus cabecitas locas, y luego, era la memoria la que trabajaría, para bien o para mal. Mi abuela, cuando escuchaba a Machín siempre me contaba una bella historia de amor que tuvo con cierto marinerito de agua dulce. Cerraba los ojos y se ponía a bailar aferrada a un fantasma… “Toda una vida me estaría contigo/ No me importa en qué forma/ Ni cómo, ni dónde, pero junto a ti…”. Luego, mi abuelo sería otro.

    Sirva esto de introducción a ¡Qué noche la de aquel día! No creo en eso de que las cosas envejecen mal. Más bien somos nosotros que rejuvenecemos fatal. Esta película se estrenó el mismo año que yo nací, por lo tanto, poco tiene que ver con mi experiencia vital. ¿Experiencia vital? ¿Qué coño es eso? En fin, que escuché las canciones de los Beatles en aquella radio cuadrada con pañito encima y fotografías de marcos de fría plata donde mostraban gente muerta, como la que vimos en la película de Amenábar “Los otros”. Tenía seis o siete años, es decir que los escarabajos ya no existían como grupo, pero sus canciones seguían sonando, siguen sonando, seguirán sonando. Más tarde pusieron esta película en la tele cuadrada y pesada, con pañito y fotografías de “Los otros”. Me encantó. “Espléndido”, que diría Donald Pleasence en más de una ocasión en “La gran evasión”. De vez en cuando la veo. Tiene una serie de cualidades de las que parecen haberse olvidado muchos realizadores modernos: estilo, ingenio, encanto y ritmo. Vista hoy, tiene una inocencia y naturalidad que nos hace sonreír y mover los pies, además de ese maravilloso blanco y negro. Fíjate, amigo Alfredo, que Richard Lester volvería a dirigirlos en Help! y en color. A los Beatles no le queda bien el color, además de ser una película inferior a ¡Qué noche la de aquel día! Nada más empezar con aquellas locas sin bragas corriendo tras los chicos de Liverpool, vemos la castaña que se da George Harrison y John Lennon se gira y se pone a reír, pero sigue corriendo. Alegría y juventud. Un tiempo que no volverá… Y yo aquí intentando peinarme para ocultar mis entradas y poniéndome esos pantalones de moda en forma de tubo que tanto cuesta después sacártelos sentado en la cama para ir a dormir. Ya te digo, rejuvenecemos fatal.

    Un fuerte abrazo y buen finde, amigo mío.

    1. Jajajajajaja… ¿Cómo hemos podido llegar de Machín a los pantalones de tubo? La película de Lester capta el ambiente de su época, de eso no hay duda, formaría un buen programa doble con Blow up, de Antonioni, que es de un poco después.

      Ay, yo apenas he pisado las discotecas un par de veces. Yo ya veía allí demasiado zombi suelto, aun sin pantallas, y nunca me ha atraído ese tipo de ¿diversión? Si tenías tan poco éxito con las chicas como yo, era más bien un suplicio. Y eso no es un falso recuerdo, ni siquiera es un bello falso recuerdo. Ojalá no fuera ni un recuerdo… Por tu culpa acabo de imaginarme a Donald montándoselo con Carmen Sevilla en un barracón del campo de concentración, mientras los Beatles cantan “Help!”…

      Abrazos, y buen finde.

  2. Esta la vi de estreno en el cine de mi pueblo: de hecho, en uno de los tres cines que tenía hace cincuenta años: por suerte, pertenecía al selecto grupo de las “aptas” y seguro que fue una sesión doble, como debe ser, y lamento no poder imaginar siquiera su acompañante en la sesión dominical.

    Lo que sí recuerdo es que nos divertimos mucho, que las tías y las abuelas que nos llevaban al cine pedían silenciio y tranquilidad y que nosotros, críos, nos movimos muchísimo, imitando a los apenas adolescentes que estaban, quizás, en el palco vecino.

    El cine era, hasta que el vigente (por 30 años) alcalde se lo ha cargado, un teatro con una sala magnífica, parecida al de Reus.

    Es un hecho que esos cuatro revolucionaron una época y esta película quedó en el recuerdo como ejemplo de algo muy lejano en las posibilidades, asistir a un concierto de esa clase.

    Siempre que veía el nombre de Richard Lester, me venía a la memoria The Beatles: justo entonces, acababa de comprarme mi primer disco, el sencillo de ¡Help! de 45 r.p.m.

    La película no he vuelto a verla: casi prefiero que permanezca en el baúl de los recuerdos, ligada a unas sensaciones vitales de la infancia….

    Un abrazo.

    1. Ay, el cine es nostalgia… Yo la he visto de nuevo hace poco, en un pase televisivo acompañada de Eight days a week, el documental de Ron Howard sobre las giras de los Beatles. Una combinación estimable. Esta película exige, eso sí, mucho esfuerzo contextualizador, aunque la disfruté mucho. Tal vez porque no la vi en su día y no viví aquellos años.

      Un abrazo

  3. Que tal Alfredo!
    La pelicula la tengo algo olvidada, algo que no sucede con la música que acompaña esta entrada. En cuanto al paso del tiempo y las arrugas de algunas peliculas, ¿no crees que hay unas decadas que lo llevan mejor que otras? Ultimamente volviendo a ver algunos titulos de los 90 estoy empezando a detectar cierto olor a “viejuno”…
    Venga, saludos y buen finde!

    1. Bueno, no creo que sea una cuestión de décadas, sino del tratamiento particular de cada historia. Los temas coyunturales, obviamente, caducan antes. Un buen tema, tratado con mirada universal, no prescribe nunca. Otra cosa son los formatos. Evidentemente, el videoclip ochenta-noventero era viejo ya cuando salió. En cualquier caso, a mí el olor a “viejuno” no me inquieta. El tiempo no es un valor en sí mismo, ni apruebo ni rechazo nada por su edad o procedencia. Hay películas de los años 20 y 30 mucho más modernas, en el fondo y en la forma, que la mayoría de los estrenos de hoy. En todo caso, la modernidad no me parece tampoco un concepto positivo en sí mismo, como la antigüedad no me parece un concepto negativo. Uno de los mayores absurdos de nuestro tiempo es el estúpido culto a la modernidad, a la juventud eterna, a la novedad constante.
      Saludos, y buena semana!

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