La tienda de los horrores – Corrupción en Miami

cemiami

Jodeeeeer, qué truño. La esperadísima, en su día, adaptación al cine del televisivo éxito de Michael Mann Corrupción en Miami (Miami vice), más si cabía, con el propio director a los mandos, en lo que iba a ser la actualización de aquella serie en la que Don Johnson y Philip Michael Thomas iban en plan julai guaperas desfaziendo entuertos entre el crimen organizado uniformado con camisas de flores de la zona de Florida, terminó sufriendo el mismo destino que la puesta al día de otras series míticas de décadas anteriores, Misión imposible, por ejemplo. Es decir, que salvo el título y apenas algunos guiños a los fieles de la serie, poco que ver.

Porque lo que en la serie eran días soleados, chiringuitos playeros, deportivos a toda mecha y lanchas rompiendo las olas, aquí es nocturnidad, alevosía, confusión, acción gratuita, superficialidad, rutina y falta de originalidad. Un vulgar thriller de buenos y malos, de guapos y feos, que bien podría transcurrir en Mar del Plata, en Alaska o en Chachapoya, sin apenas ningún otro aliciente que ver a Gong Li y a Luis Tosar (del que durante todo el metraje un servidor esperaba que se subiera en una barca junto a Javier Bardem para mirar al sol…) en un producto de Hollywood sin magia, sin garra, rodado con mecanicismo y sin pasión alguna. La huella de Mann se nota (especialmente esos interludios de imágenes nocturnas con hilo musical), pero nada que ver con su mejor pulso.

La historia es la misma que cualquier capítulo de la serie, sólo que lo que en cincuenta minutos estaba ajustado en 122 está alargado hasta la extenuación, hasta el aburrimiento supino: los dos agentes, Crocket y Ricardo (interpretados por Cejitas y Jamie Foxx), se infiltran, cómo no, en la red de los malos (latinoamericanos, como siempre, caricaturizados según los tópicos más burdos) que importan cantidades ingentes de drogas desde Sudamérica. Si el principio es tópico, el desarrollo lo es más: Cejitas se lía con la tía buena, el malo se pone celoso, sus secuaces empiezan a desconfiar de los buenos, sale el infiltrado de turno, el traidor, el tiroteo de marras, las escenas de sexo pertinentes, los buenos ganan, los malos pierden, y aquí paz y después gloria. Para este viaje no hacían falta tantas alforjas, ni yates, ni lanchas ni deportivos.

Mera acumulación de fotogramas, guión plano y repleto de frases que quieren resultar solemnes pero quedan ridículas, la principal pega a este engendro es que carece de todo lo que hacía especial a la serie (para quien lo fuera, claro): las policías-bombón, Gina y Trudy, casi ni aparecen, los compañeros, el delgadito engominado que la palmó por sobredosis y el gordito floreado que ponía la vis cómica, están desaparecidos, y el teniente Castillo, Edward James Olmos, con su lacónico proceder, su estatismo y su letal forma de soltarse la melena cuando se ponía borde en plan artes marciales y todo, aquí es sustituido por Barry Shabaka Henley, un armario de cuatro cuerpos que sale dos o tres veces y que aporta mucho menos que cualquier capitán de policía de esos ridículos que solían aparecer en las películas de Harry el Sucio. Además, carece de gracia, de ritmo, no resulta ni vibrante ni emocionante, ni siquiera cuando Mann busca desesperadamente ponerse épico o emotivo.

Pero lo peor de todo es Cejitas. Por si alguien no ha caído, se trata de Colin Farrell. Si Jamie Foxx se cree que todavía está interpretando a Ray Charles, lo de Cejitas es de juzgado de guardia. Primero porque hace recaer toda la fuerza dramática de su personaje en el ceño según el Barrio Sésamo del actor’s studio: ceño arriba, buen humor; ceño abajo, mala leche o dolor extremo. Así se pasa el hombre las dos horas, cejas arriba y abajo, acartonado perdido. Eso sí, el responsable de la caracterización se merece ser tirado a los cocodrilos (que, por cierto, junto con los flamencos, eran postal habitual en los capítulos de la serie y que aquí, como tantas cosas, faltan). Porque Cejitas, ya de por sí patético sin maquillaje ni peluquería, parece aquí lo que le ha sobrado a un cocodrilo tras devorar a un revolucionario mexicano de la década de 1910: unas cejas kilométricas, un bigotón modelo Pantuflo Zapatilla, una pinta de rapero venido a menos que tira de espaldas… Sin duda, si un cocodrilo se hubiera intentado comer a Pancho Villa y lo hubiera regurgitado, el resultado se hubiera parecido bastante a la pinta que tiene Cejitas en esta película, por llamarla de alguna forma.

En resumidas cuentas, intrascentente, olvidable, lamentable engendro de un Michael Mann que sabe hacerlo muchísimo mejor, y que está a mil años luz de la mejor película sobre el crimen organizado de Miami y alrededores, El precio del poder de Brian de Palma.

Acusados: todos, especialmente el caracterizador de Cejitas
Atenuantes: Gong Li
Agravantes: Cejitas, la ausencia de flamencos y de sol, la atmósfera fría, impersonal, desapasionada
Sentencia: culpables
Condena: el caracterizador de Cejitas tendrá que hacer el estilismo a Falete; Cejitas hará un biopic sobre Victoriano Huerta y el resto se someterán a un tratamiento de pedicura a cargo de una tropa de cocodrilos hambrientos

18 comentarios sobre “La tienda de los horrores – Corrupción en Miami

  1. Esta si que la he visto, y aunque no me parece tan mala como a ti, si que me dejó muy frio. Además, es lo que comentas perfectamente, la película tiene un tono frío, distante, algo cansino, que no tiene nada que ver con el tipo de producción que era la serie. Es verdad que la serie era muy esclava de su tiempo, pero entonces no entiendo la revisión. Además, ya dije de antemano que Mann no era el director adecuado, por mucho que nos ofrezca en muchas ocasiones buen bien, más que nada porque su tono es siempre distante, desmitificador, y solo le ha salido bien cuando se ha reunido con un elenco de actores que interiorizaban ese mundo tan masculino y particular de su director.
    No era lógica la elección de este director, y ahí están los resultados, con lo mucho que me gustaron otras películas suyas.
    Mención aparte para Gong Li, que parece que hiciera un pacto con el diablo, no pasan los años por ella, jeje.
    Un abrazo Alfredo

  2. Esta peli la vi en el cine y estoy totalmente de acuerdo: es un troncho de mierda caliente e infumable.

    Tambien es verdad que una peli de tipos duros playeros con Colin Farrell de protagonista y Linkin Park de BSO estaba cantado que no podía ser precisamente buena…

    Saludos, que con las navidades hace ya que no me paso por aqui!

  3. Bueno, bueno. Alguna vez que discrepamos. No recuerdo muy bien la peli, pero sí recuerdo que me gustó. Aunque quizás me influyó demasiado el cuerpo serrano de los protagonistas. La carne es débil.

  4. Vaya, qué cosa tan rara. Pensé que iba mejor con Mann al control sobre todo después de ese filme llamado Colateral, que particularmente me gustó mucho. Será entonces pasara de largo.

  5. Quevedillo, nada de duro. Justo, diría yo. Incluso me quedo corto.

    Hombre, Iván, yo esperaba una cosa irónica, algo pretendida y deliciosamente hortera. Pero esto, esto no. O al menos que Mann se dedicara a innovar del todo, que la reinventara de arriba abajo, pero para bien. Me jode especialmente porque a mí también me gusta mucho Mann.
    Y Gong Li, claro.
    Abrazos.

    Belanner, veo que también eres un damnificado del asunto. Y encima en pantalla grande…
    Saludos.

    Noe, es normal que discrepemos. Lo que no es normal es que sea en esto… De todos modos, dices que no la recuerdas muy bien, así que algo de razón llevaré. En cualquier caso, si es cosa de carnes, sobran los motivos.

    Malvisto, yo también lo pensaba, pero no. Es como si lo hubiera hecho el primo tonto de Michael Mann. Pasa, pasa de largo.
    Abrazos.

  6. Cuando he empezado a leer y he visto que las tres primeras palabras eran: Jodeeeeeer qué truño. Sabía que me lo iba a pasar en grande leyéndote. No sé si ya lo habrás hecho alguna vez, pero sería interesante porner un ranking de cuáles son las películas que directamente les darías un pase para el retrete. Jejejeje. Un besazo y que te traigan mucho cosas los RR.MM..

  7. A mí tampoco me parece tan mala, aunque desde luego no es nada del otro jueves, independientemente de que no tenga nada que ver con la serie. Fría, apagada, hierática, parece que todos los intérpretes están actuando en un refrigerador. Sí, se salva Gong Li, por guapa y por poner más ganas que los demás, y punto. Si en lugar de Luis Tosar hubiera una foto de Luis Tosar, el resultado sería el mismo. Las pintas de Colin, impagables. Saludos.

  8. ¡Muy bueno lo de Cejitas (Patricia Conde llama así a Zapatero en SLQH)! ¡Y lo del bigote tipo Pantuflo Zapatilla! XD
    No la he visto, pero ya me imaginaba por dónde irían los tiros (nunca mejor dicho), y después de leer tu reseña, menos ganas todavía de verla.
    Por cierto, hablando de adaptaciones de serie, ¿Sabes que están haciendo una Dragon Ball de carne y hueso? Yo ya estoy temblando, pero no de emoción, sino más bien de miedo por el resultado.
    Besos.
    Rosa.

  9. Missing, creo que mi cardiólogo no aprobaría un proyecto semejante. De todos modos, le consultaré y si me da sus parabienes me pondré manos a la obra.
    Lo de los Reyes lo tengo mal. He sido muy malo.
    Besos.

    Marbranches, seguro que la peli te pilló en un día generoso. La verdad, yo no vi otra cosa que un montón de tomas pegadas sin ninguna emoción. Y si el cine no genera emoción, ¿para qué?
    Saludos.

    Rosa, me alegra coincidir en algo con Patricia Conde, aunque para mi desgracia va a ser en lo único, me temo. Pues es que a este mozo en la peli le hace falta una depilación láser pero con una nave espacial por lo menos. Salvo que no tengas otra cosa que hacer, huye de esta peli como de la mierda.
    Ah, y además de Dragon Ball, hay una adaptación en marcha en carne y hueso del famoso manga Akira, con Leonardo DiCaprio poniendo la pasta: catástrofe asegurada.
    Besos.

  10. Por fin aparece… 🙂

    Fíjate que ni me dí cuenta que Mann había sido el director en la serie. La película es mala de definición, o sea: mala, mala. No tan sólo me aburrió soberanamente, si no que incluso estuve a punto de dejarla a la mitad.

    La sentencia me parece justa pero algo benévola: yo los pondría a todos a buscar setas en medio de los Everglades montados en unos zancos de medio metro.

    Saludos.

  11. Josep, me voy a terminar pensando el colofón de esta sección; me temo que estoy despertando en muchos de vosotros una vena sádica que es “demasié”. En cualquier caso, cambio mi condena por la tuya. Mucho mejor, dónde va a parar…
    Saludos.

  12. Jajaja ¿Te parece correcto empezar así el año? No la he visto, ni pienso. Sólo de recordar los modelitos de la serie, esas americanas con camiseta rosa palo debajo me entran sarpullidos.

    Un abrazo

  13. Pues Mónica, supongo que es un exabrupto postnavideño. La serie era deliberadamente hortera en su estética, pero al menos alguien se molestaba en que la historia tuviera sentido y fuera más o menos digna. Aquí, ni eso. Yo hubiera preferido una gamberrada hortera a una seriedad pretenciosa que se queda en nada. Pero, si no la ves, muchísimo mejor para ti, de veras.
    Abrazos.

  14. Lo único que tiene de interesante este pastel es el uso que hace su realizador con el digital.Abre nuevas fronteras y “profundidad de campo” que sólo lo da el cine.Ya digo;sólo interesante técnicamente sobre los nuevos avances de este nuevo formato.

    Un fuerte abrazo.

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