Música para una banda sonora vital: Comanchería (Hell or high water, David Mackenzie, 2016)

De las nueve candidatas al Óscar a la mejor película en la inminente ceremonia de estos premios, sin duda es Comanchería (Hell or high water, David Mackenzie, 2016) la propuesta más sólida y solvente, la que debería lograr al menos los galardones principales a poco que de cine tratara el asunto.

De entre todas sus muchas virtudes, más que cualquier otra de las elegidas (prácticamente ninguna de las restantes entraría de finalista de nada en ninguna competición seria; se trata de una de las ediciones de más bajo nivel que se recuerdan, y de estas ha habido muchas desde los noventa hacia aquí…), destaca la música incluida en su banda sonora, obra de Nick Cave y Warren Ellis. Magnífica, como casi todo lo demás en esta estupenda película.

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4 thoughts on “Música para una banda sonora vital: Comanchería (Hell or high water, David Mackenzie, 2016)

  1. Las últimas noticias que más me han hecho reír son estas: el robo de la ropita de esos niños cantores en el Vaticano, y el robo de joyas en los premios Goya. Me encantaría que en la entrega de los Óscars de este año robaran hasta la alfombra roja. Quizá todo esto daría para una buena película. Pero bromas aparte, lo mejor de la literatura y del cine norteamericano (en negro) precisamente no está en las grandes ciudades sino en lo camp, en los pueblos de mierda lleno de polvo, subnormales, gasolineras a lo Hopper, sheriff psicópata, putilla de publo, resentimiento, racismo, chulería, bola de rastrojos y un crimen rarísimo. Recuerda la obra de Faulkner y todas esas maravillosas escritoras sureñas: Carson McCullers, Ktherine Anne Porter, Eudora Welty, Flannery O’Conors, etc. Tambiénn a Jim Thompson y James M. Cain, sobre todo El cartero siempre llama dos veces. Conspiración de silencio, A sangre fría, Psicosis… Cormac McCarthy, y el más grande de todos: Fredric Brown con su obra maestra: Un trago para el camino. No me explico cómo no se ha hecho todavía una película de esa gran novela de pueblo que no consta ni en los gps; una historia de una mujer que solo estaba de paso, que solo se detiene para tomar otro trago y… Fíjate, amigo mío, lo que se hace en España últimamente en las películas de pueblo: El pregón con Buenafuente y el estúpido e insoportable Berto Romero. Villaviciosa de al lado…

    Comanchería entra en la gran tradición americana del pueblo de mierda donde uno (como sus personajes) se pregunta: ¿De qué coño viven? En esta película solo vemos pasar, a lo lejos, a gente muy mayor, y el mestizo le pregunta al gran Bridges: “¿Tú vivirías aquí?”. Sí, pero con la condición de cometer un asesinato si quiero continuar viviendo aquí, o atracar todo lo que pueda para salir de este lugar y no volver nunca más.

    Abrazos y buen finde, amigo mío.

    1. Me encantan esas películas “de pueblo”. Conspiración de silencio, por ejemplo. Grande de verdad. 81 minutos de cine puro. Un valor añadido: la capacidad de economizar. Red Rock West, Giro al infierno… Esos pueblos donde de repente todo el mundo parece estar como una cabra, cerca del absurdo, del surrealismo, de poner el mundo del revés. Eso es lo que perturba y atrae. Las reglas, lo convencional, desaparece. Aquí todo se pasa, sin necesidad, ahí está el crimen de Fago por ejemplo, por el tamiz de lo castizo, del tópico rural. Qué asco. Una cosa penosa lo de este país.

      Abrazos, y disfruta de Barcelona, amigo.

  2. He visto hasta ahora sólo tres de las nominadas (la otra es La Llegada) y estoy de acuerdo en que ésta es mejor que las otras dos. Me fío de tu opinión y se me quitan las ganas de ver las que me faltan (que seguramente veré porque como dice Manuel, verlas, hay que verlas todas) pues coincido en la sensación de declive del cine en este siglo que vivimos, salvando algunas excepciones que tampoco son notables en el conjunto histórico.
    Un abrazo.

    1. Ay, vivimos una crisis galopante. Comanchería es la única película desde hace muchísimo tiempo, tanto que ni lo recuerdo, que me hizo salir del cine sin peros, satisfecho, lleno, sin sensaciones agridulces o contrapuestas. Para mí, dentro de la mediocridad habitual en los últimos lustros, una de las peores ediciones posibles. Y de los Goya, ni hablamos.
      Muy buen apunte ese: lo bueno de hoy, difícilmente pasará la criba del tiempo.
      Un abrazo

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