Diálogos de celuloide: Primera plana (The Front Page, Billy Wilder, 1974)

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Sheriff: Le presento al doctor Eggelhofer. Le hará un reconocimiento.

Earl Williams: Ah, hola, doctor.

Doctor Eggelhofer: Buenas noches. Siéntese, por favor.

Earl Williams: ¿Va a clavarme alfileres y a golpearme la rodilla con un martillito?

Doctor Eggelhofer: Esos métodos están anticuados. Me limitaré a hacerle unas cuantas preguntas.

Earl Williams:  Gracias.

Doctor Eggelhofer: Señor Williams, ¿sabe usted lo que le va a suceder mañana?

Earl Williams: Que van a ahorcarme.

Doctor Eggelhofer: ¿Y qué impresión le causa?

Earl Williams: Pues… A decir verdad, me alegraré de salir de esa celda… Hay mucha corriente.

Sheriff: Ya se lo dije. Está completamente cuerdo.

Doctor Eggelhofer: Dice aquí que su profesión es la de panadero.

Earl Williams: Sí señor, soy panadero especializado. Sé hacer rosquillas, bizcochos y bollitos. Estuve trabajando cinco años en la misma casa y, de pronto, un día me despidieron.

Doctor Eggelhofer: ¿Por qué motivo?

Earl Williams: Puse proclamas en los pasteles sorpresa.

Doctor Eggelhofer:: ¿Qué decían?

Earl Williams: “Libertad a Sacco y Vanzetti”.

Sheriff: Muy astutos estos bolcheviques.

Earl Williams: ¿Quién es bolchevique?

Doctor Eggelhofer: Según esto, había sido detenido en 1925 por posesión ilegal de explosivos.

Earl Williams: ¡Oh sí! No sé qué opinará de Wall Street, pero le envié por correo al banquero Morgan una caja de zapatos con una bomba de relojería, y me la devolvieron por falta de franqueo. Levantó todo el techo de mi casa de huéspedes.

Sheriff: ¡Que vuelvan a la tierra de donde proceden!

Earl Williams: Yo soy de Fargo, Dakota del Norte.

Doctor Eggelhofer: Dígame, señor Williams: ¿tuvo usted una niñez desgraciada?

Earl Williams: Pues no, tuve una niñez perfectamente normal.

Doctor Eggelhofer: Ya, deseaba matar a su padre y dormir con su madre…

Earl Williams: Si va a empezar a decir guarradas…

Doctor Eggelhofer: Cuando cursaba estudios de enseñanza media, ¿solía usted masturbarse?

Earl Williams: No señor, no me gustan esas cosas. Me respeto a mí mismo y respeto a los demás. Quiero a mis semejantes, quiero a todo el mundo.

Sheriff: Por lo visto, aquel policía se suicidó.

Doctor Eggelhofer: Volvamos a la masturbación. ¿Le pilló su padre alguna vez en el acto?

Earl Williams: Oh, mi padre nunca estaba en casa. Era revisor de los ferrocarriles Chicago-Noroeste.

Doctor Eggelhofer: ¡¡Muy significativo!! Su padre llevaba uniforme, igual que aquel policía, y cuando él desenfundó la pistola, símbolo fálico inequívoco, usted creyó que era su padre y que iba a utilizarla para atacar a su madre…

Earl Williams: ¡¡¡¡Está loco…!!!!!

(guión de I. A. L. Diamond y Billy Wilder a partir de la obra teatral de Ben Hecht y Charles MacArthur)

 

8 comentarios sobre “Diálogos de celuloide: Primera plana (The Front Page, Billy Wilder, 1974)

  1. Jajaja. ¡Qué diálogos! ¡Qué acidez! Qué peliculón y qué pareja de actores, unos monstruos. Me encanta Lemmon, es uno de mis actores favoritos, pero creo que cuando Matthau asoma por la pantalla, Lemmon acaba siendo fagocitado por su compañero de fatigas.
    Un deleite de película, donde Wilder pone la ametralladora a todo lo que se le pone por delante. Éstos sí que eran diálogos, leñe.
    De Wilder me gusta prácticamente toda su filmografía, y no seré yo quien segregue en su espléndido currículum, pero su bilis me encanta, así que entre Ariane (por poner un ejemplo) y ésta, me quedo con Primera plana. Cuanto más incisivo es, yo más disfruto. Maldades, maldades: y si éstas son dichas o hechas por boca de Matthau, mi gozo es total.

    ¡Besos!

  2. ¡Y qué doblajes los de antes! Muchas veces la comicidad de estas secuencias descansaba para nosotros en el acierto de los actores españoles al interpretar la traducción de los diálogos. Soy muy fan del doctor Egelhoffer, que insiste, un poco más adelante de este momento, en operarse a sí mismo, y que termina escribiendo el libro, absolutamente freudiano, “La alegría de la impotencia”…

    ¿Soy yo o Pedro J. Ramírez se iba pareciendo cada vez un poco más al personaje de Matthau en la misma medida que Eduardo Inda iba transformándose poco a poco en el Ben Bradlee de Jason Robards en Todos los hombres del presidente (parecido solo físico; ya quisiera…)?

    Wilder es el tío que siempre quise tener.

    Beso

  3. Es que esos doblajes poseían una personalidad propia. Los de ahora, por el contrario, tienen un tono monocorde que hacen que no se distingan unas voces de otras. Por ejemplo, la voz del que dobla a Brando como Vito Corleone, o la voz susurrante del que dobla a Pacino como Michael Corleone (que, precisamente, por ser casi un susurro provoca más escalofríos viendo la evolución del personaje) o la grandísima voz de Constantino Romero (ya quisiera Eastwood tenerla).

    Ese diálogo que apuntas es impagable y descacharrante. Tengo entendido que Wilder se inspiraba en Freud (que, al parecer, intentó entrevistarlo sin éxito) a la hora de trazar al personaje. Qué grande.

    Jajaja, Matthau parece primo hermano Pedro J., tal cual, salvo por la estatura y la nariz de pepinillo que tenía.
    Lo de Inda (qué asco de tío y qué manía le tengo, puaj) no lo había visto pero tienes toda la razón, jejeje, muy buen visto, sí señor. Saquemos el bisturí…

    De tener a Wilder entre nosotros, no necesitaríamos más. Le acribillaría (en sentido figurado, claro) a preguntas. Qué placer, verdad? El mejor docente y comunicador que podríamos tener.

    Besazos!!

  4. Es que en los diálogos, llamémoslos clásicos, los textos dramáticos decían, sugerían, insinuaban y caracterizaban a un personaje. Hoy están primordialmente llenos de verborrea vacía: en muchos casos son gratuitos, otros se limitan a subrayar lo que ya se ve, a manifestar obviedades, a hacer repeticiones innecesarias o, simplemente, son de vergüenza ajena (cada vez que oigo en una película las expresiones “cambiar el mundo” o “salvar el mundo”, por ejemplo). Las voces del doblaje adolecen también hoy de una tremenda falta de personalidad; al menos a mí me suenan todas iguales. Es cierto que estoy tan acostumbrado a la VOS que difícilmente tolero ya otra cosa, pero cuando no me queda más remedio y veo algo doblado, si es un título reciente o un clásico que se ha vuelto a doblar (eso es casi peor, roza el crimen de lesa humanidad), termina por darme pampurrias.

    Efectivamente, una de las anécdotas que el viejo Wilder suele contar de sus inicios en el periodismo son sus infructuosos intentos por entrevistar a Freud. Hubiera podido servir muy bien de gag a alguno de sus títulos.

    Hay muchos casos de identidad compartida, no te creas. El más escalofriante es descubrir que Don Pimpón, el de Barrio Sésamo, y Celia Cruz, la cantante, son la misma persona…

    Wilder era un gran conversador, con una tremenda capacidad para introducir el humor, la ironía, el sarcasmo, en su normal devenir cotidiano. Hay montones de anécdotas que seguramente conocerás sobre detalles de sus observaciones y comentarios durante los rodajes.

    Beso

  5. Don Pimpón y Celia Cruz…. Jajaja. Anda que no podría salir algo estrambótico de ahí, jejeje.

    Respecto a la visión de películas en vos, no sé si es por la lengua en sí, que las pelis francesas me subyugan. Me parecen de una sensualidad exquisita. Así que, cuando puedo ver un film francés en versión original, entro en un estado de sumo placer. Eso no quiere decir que el resto de lenguas desmerezcan, ni mucho menos. Escuchar a los actores declamar en la lengua de Shakespeare es un gustazo. Quizá, la que menos me llama la atención sea la japonesa, pero todo es cuestión de costumbre.

    Creo que se podría escribir un libro sólo con las anécdotas de Billy Wilder, sus observaciones llenas de vitriolo y respecto a los rodajes de algunos de sus films (el de Con faldas y a lo loco, por ejemplo…).

    Debería haber una ley que prohibiera volver a doblar las películas. A quien/quienes se le/s ocurrió tal idea se le debería(n) crucificar o, cuanto menos, colgar del palo más alto. Porqué no les ponen a ellos a una botella de helio permanentemente?

    Besos!!

    1. Dos gotas de agua…

      Todo depende también de quién hable, claro. Escuchas recitar a Shakespeare en inglés por alguien que sepa hacerlo, y es maravilloso. Luego escuchas hablar a Russell Crowe, y se te caen los perendengues al suelo… Los japoneses es que gritan y cabecean mucho, jejeje… Bueno, no siempre, ahí están las películas de Ozu y Mizoguchi…

      Lo de los redoblajes, en efecto, debería ser delictivo. En cuanto a Billy Wilder, uno se pegaría horas escuchándolo.

      Beso

    1. Mejor en la Luna nueva que en la de Valencia… 😀

      La historia es estupenda, abre tantos temas interesantes, como bien dices, pero con una acidez, que es una pura gozada. No obstante, todavía se puede estropear: si ves Interferencias, con Burt Reynolds, Kathleen Turner y Christopher Reeve, pronto te das cuenta de que Hawks y Wilder todavía tienen más mérito.

      Besos

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