Música para una banda sonora vital: El bueno, el feo y el malo (Il buono, il brutto, il cattivo, Sergio Leone, 1966)

A falta de pocos días para partir al Oeste -al del western europeo, cerca del cementerio de Sad Hill, en el término de Contreras (Burgos), y del monasterio de San Pedro de Arlanza, escenarios ambos, junto con otros almerienses, de esta obra maestra de Sergio Leone-, nada mejor que escuchar la banda sonora compuesta por Ennio Morricone para ambientarse de camino a Interferencias, las III Jornadas sobre cine y arquitectura en las que, de nuevo, participamos.

Zaragoza noir: Culpable para un delito (José Antonio Duce, 1966)

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Justo es reconocer que, para quien no sea de Zaragoza o viva en ella, Culpable para un delito (José Antonio Duce, 1966) ofrece pocos alicientes cinematográficos. Voluntarioso, más que efectivo, ejercicio hispánico en la onda del film noir francés de los 60 (más que del cine negro norteamericano clásico), lo más destacable de la cinta, junto con algunas presencias en el reparto y la idea básica de la trama que no termina de plasmarse adecuadamente, es el imaginativo aprovechamiento de las localizaciones exteriores de la ciudad, a la que se despoja de su realidad contemporánea para encarnar a otra ciudad anónima, paradigma de los espacios propios del film noir. Hasta tal punto es así que la Zaragoza de celuloide, de la que Duce elimina todo vestigio reconocible, aunque utilice como escenario alguno de sus entornos más populares dentro y fuera de la ciudad, esa ciudad sin nombre, está dotada de metro y de muelles y puerto marítimo.

Martin Baumer (Hans Meyer, limitadísimo actor dado a conocer, precisamente, en la Francia de la nouvelle vague), un antiguo boxeador que malvive en el circuito de tercera fila, recibe una llamada de su amigo Horacio Ridakis, que le pide que viaje a la ciudad para encontrarse con él, ya que necesita ayuda con urgencia, aunque no le cuenta por qué o para qué. De regreso de la estación, Horacio es asesinado en las escaleras del metro. Varios testigos aseguran que ha sido precisamente Martin quien ha clavado el cuchillo en la espalda de Horacio. Desde ese momento, Martin transita por una ciudad desconocida y hostil, huyendo de la policía al mismo tiempo que trata de esclarecer los motivos y la autoría de la muerte de su amigo, que parece estar relacionada con el tráfico ilegal de diamantes. En torno al misterio de la muerte de Horacio, pululan su viuda (Yelena Samarina), su secretaria (Dina Loy), su antiguo socio (Antonio Molino Rojo) y una pareja de policías (Marcelo Arroita Jáuregui y Adriano Domínguez). Tras su detención, Martin se fuga durante su traslado al juzgado, y la policía lanza la caza del culpable…

La película, producida por la extinta y mítica (al menos para el cine aragonés) Moncayo Films, desprende un aroma de amateurismo que la impregna a todos los niveles, desde el interpretativo (incluyendo la aparición de Perla Cristal en un pequeño aunque decisivo papel) al técnico, en especial el diseño y la ejecución de las secuencias de acción, sobre todo las peleas y puñetazos, realmente risibles (algo mejor la secuencia de la evasión en el baño que el clímax final en el chalet), así como las persecuciones en coche (o los intentos de asesinato por atropello) o las carreras a pie por la ciudad. Algo más afortunado es el empleo de la fotografía, acorde con el aire naturalista de todo el conjunto, que saca partido de las atmósferas cerradas y de las sombras amenazantes propias del género, aunque el desequilibrio entre fondo y forma y de los distintos aspectos del acabado técnico entre sí se prolongue durante los 92 minutos de metraje. La idea central del filme, el inocente injustamente acusado que debe pugnar por hallar al auténtico culpable mientras escapa continuamente de la policía, sin ser nueva, es una acertada premisa de arranque, aunque el desarrollo titubeante y un tanto lineal y predecible de la historia no va en consonancia, excepto, tal vez, en la secuencia nocturna en el puente. Continuar leyendo “Zaragoza noir: Culpable para un delito (José Antonio Duce, 1966)”