Música para una banda sonora vital: Murieron por encima de sus posibilidades (Isaki Lacuesta, 2014)

El reputado Isaki Lacuesta se marcó en 2014 este espantoso filme, intento de comedia enloquecida, con tan poca gracia como gratuidad en su discursiva verborrea pseudopolíticamente reivindicativa, que pretendía retratar, desde la declarada bufonada, la crueldad de nuestro sistema socioeconómico y la forma en que la crisis de 2008 se cebó con los estratos sociales más débiles. Cuesta creer que con un reparto tan abundante en nombres mediáticos (Raúl Arévalo, Julián Villagrán, Imanol Arias, Àlex Brendemühl, José Coronado, Eduard Fernández, Ariadna Gil, Bárbara Lennie, Sergi López, Carmen Machi, Ángela Molina, Albert Pla, Josep Maria Pou, Pau Riba, José Sacristán, Jaume Sisa, Emma Suárez, Luis Tosar, Jordi Vilches…), algunos de ellos ojitos derechos de la crítica y del cine español “oficial, pueda hacerse un bodrio de semejantes proporciones.

Lo mejor -lo único soportable, de hecho, además de algún cameo con cierta inspiración-, son los créditos iniciales animados, y la música que los acompaña, este clásico moderno de Astrud, Hay un hombre en España.

Música para una banda sonora vital – La isla mínima (Alberto Rodríguez, 2014)

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Musicalmente hablando, La isla mínima, el estimable thriller de Alberto Rodríguez, una especie de True detective andaluza de la transición española, candidata y premiada en todos los premios habidos y por haber en el cine patrio correspondientes al pasado curso, prácticamente se cierra con este ¿clásico? del dúo Baccara, Yes sir, I can boogie, que solo la televisión española de entonces sabía dotar del inherente patetismo. Se da la circunstancia de que, más o menos por entonces, las Baccara, dúo de notable éxito de ventas, además de en España, en lugares tan dispares como Alemania y Japón, representaron en Eurovisión a… ¡¡¡Luxemburgo!!!

Un guiño simpático al final de esta estupenda intriga, sutil, sugerente, tensa y apasionante, en la que solo algún pequeño matiz de diálogos y argumento la separa de consideraciones mayores.

La tienda de los horrores – Balada triste de trompeta

Canto a la incoherencia. Culto al exceso. Incompleta simbiosis entre el cine de acción y la caspa hispánica. Vómito de fragmentos sin articulación ni elaboración interna. Relato superficial del tardofranquismo. Personajes sin lógica interna, secundarios prescindibles. Estas frases cortas resumen la última película de Álex de la Iglesia, celebrada por una parte de crítica y público, premiada en Venecia al mejor director y al mejor guión (la presidencia del jurado de Quentin Tarantino y su ignorancia de la reciente historia de España fue sin duda decisiva para ello), fracaso total en los últimos premios Goya (últimamente realmente acertados, no especialmente en cuanto a lo que premian, sino a lo que suelen dejar sin galardones) y uno de los más importantes fiascos del cine español reciente, uno más en la carrera del director vasco.

Empecemos por su tan aclamado comienzo. En él destacan dos aspectos: los créditos iniciales y la primera secuencia. En cuanto a los títulos, puede decirse que, sin duda ninguna, quizá son los más creativos y espectaculares del cine español en mucho tiempo, si no desde siempre. La potencia de la música de Roque Baños viene complementada con unas imágenes poderosísimas que resumen la historia y el arte españoles con inteligencia y contenido didáctico y narrativo. En cuanto a la primera secuencia, alabada casi sin excepción, ofrece más reservas: pretendidamente ilustrativa, casi metafórica, del mal de “las dos Españas”, se asienta más en la supuesta espectacularidad de la acción, la violencia, las amputaciones y la sangre, y también como construcción técnica, que en su valor narrativo, realmente, como en casi toda la película, casi meramente anecdótico. Esto viene del hecho de encontrarse lastrada por la impericia de Santiago Segura como actor, del histrionismo de un pasadísimo Fernando Guillén Cuervo y de una premisa de guión no demasiado talentosa. Lo mejor de esta fase, sin duda, Fofito. Esta secuencia, realmente apabullante, sin embargo, deja a las claras cuál va a ser el tono y el interés de la película: los efectismos.

Porque, a partir de ahí, esta historia del increíble triángulo amoroso entre dos payasos (Antonio de la Torre y Carlos Areces) y una atractiva y algo casquivana trapecista (Carolina Bang, con un personaje realmente sin dibujar, cuyas acciones resultan completamente incomprensibles, más todavía en lo relativo a sus sentimientos y a su deseo sexual), pretendidamente encadenada a la historia vivida en los últimos años del franquismo, no hace sino naufragar. Primero, porque el marco histórico no consigue ensamblarse bien con la trama de la película a pesar del forzamiento de situaciones y la búsqueda de elementos de unión: la historia, los personajes, el estilo de vida, las cuestiones políticas, se quedan en mero escenario, en marco general que ha de ser recordado a cada momento con recursos metidos con calzador para que el espectador recuerde constantemente dónde se encuentra entre tanta violencia y ensaladas de tiros. Esta parte del argumento, superficial, endeble, casi gratuita, nunca termina de interesar, de ser tratada con inteligencia ni tampoco de convertirse en crónica histórica del fresco de un país en proceso de cambio. Todo ello al servicio, únicamente, del uso de algunos de los espacios más emblemáticos de ese periodo histórico como escenario -siempre de manera forzada, ilógica y gratuita- para la acción (como en la espectacular conclusión en la cruz del Valle de los Caídos). Continuar leyendo “La tienda de los horrores – Balada triste de trompeta”

Diario Aragonés: También la lluvia

Título original: También la lluvia

Año: 2010

Nacionalidad: España

Dirección: Icíar Bollaín

Guión: Paul Laverty

Música: Alberto Iglesias

Fotografía: Alex Catalán

Reparto: Luis Tosar, Gael García Bernal, Raúl Arévalo, Karra Elejalde, Juan Carlos Aduviri, Carlos Santos, Dani Currás

Duración: 104 minutos

Sinopsis: El equipo de rodaje de una película española llega en abril de 2000 a Cochabamba (Bolivia), atraído por los bajos costes de producción, la gran presencia de población indígena y las facilidades dadas por las autoridades, para filmar una película sobre Cristóbal Colón y el descubrimiento de América. La puesta en marcha del rodaje coincide con el desencadenamiento de la llamada Guerra Boliviana del Agua, conflicto político, económico y social motivado por la privatización gubernamental de las aguas de la zona y su venta a una multinacional extranjera que provocó la rebelión social de los más desfavorecidos y una brutal represión por parte de la policía y el ejército bolivianos.

Comentario: El gran valor de la última película de Icíar Bollaín, nominada en 13 categorías a los premios de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, reside en la profunda, rica y contradictoria complejidad de su propuesta, una estructura en la que se ensambla perfectamente el discurso ideológico, elaborado desde la combatividad política y moral de la mejor tradición del cine social, con el tema del cine dentro del cine examinado tanto desde el punto de vista de la convivencia de los profesionales que integran un rodaje como desde la naturaleza de las relaciones entre esos mismos individuos y el propio medio cinematográfico. Al mismo tiempo, plantea una oportuna reflexión acerca del carácter educativo y pedagógico del cine y de sus posibilidades como instrumento para la transmisión y la difusión de la cultura, así como de su decisiva importancia, dada su dimensión como medio de comunicación y de entretenimiento, como herramienta imprescindible para la reivindicación de un sustancial cambio político, económico y social a nivel global.

En También la lluvia conviven por tanto tres planos diferentes íntimamente relacionados y sobre cuya interacción descansa la fuerza de su mensaje [continuar leyendo].